Cultura ciudadana, el encuentro del respeto y la libertad

Defender el derecho a la libertad es una obligación elemental no solo de los gobiernos sino de toda persona en quien resida es espíritu de la democracia y la paz.

Sin embargo, es necesario comprender que la libertad siempre tendrá dos límites: el de la responsabilidad y el del respeto al derecho ajeno. Nunca podrá hablarse de libertad si los individuos no responden por lo que hacen o dejan de hacer; y tampoco la habrá si se vulneran las garantías de las otras personas. El hombre de bien tiene que aprender a vivir en sociedad porque ese es su medio natural.

Algunas especies de animales viven aislados en los bosques o en las selvas, o corren o vuelan libres como el viento en algún paraíso perdido aún no descubierto por los humanos. Fernando Savater, en su libro Política para Amador dice: “No se trata de elegir entre la naturaleza y la sociedad, sino de reconocer que nuestra naturaleza es la sociedad”. Sin embargo algunos seres humanos viven felices cuando viajan al campo, cuando transitan por los bosques o cuando pasan algún tiempo en el desierto. Sobre el particular dice el autor anteriormente citado: “De la naturaleza somos biológicamente productos, pero de la sociedad somos productos, productores y además cómplices…”

Para que la vida sea más agradable es necesario adoptar comportamientos, actitudes, valores y percepciones acordes con las normas vigentes en la sociedad urbana, lo cual conducirá a crear los cimientos de la convivencia pacífica.

Es precisamente a esto a lo que se llama “Cultura ciudadana” una expresión muy valorizada desde cuando los habitantes de las grandes urbes entendieron que era necesario respetar voluntariamente un mínimo de normas para obtener un mejor entendimiento en sus lugares de residencia.

La cultura ciudadana tiene, pues, dos componentes. Primero, el acatamiento a las normas; segundo la condición de que el acatamiento sea voluntario. En caso de que el ciudadano viole reiteradamente las normas, la sociedad debe disponer de mecanismos coercitivos para hacerlas cumplir. Esto último no es lo ideal, pero es necesario en comunidades, como la nuestra, en las cuales hemos sido tradicionalmente ajenos a la disciplina social.

Algunos ciudadanos cumplen y otros no. Entre los que cumplen unos lo hacen por temor y otros por convicción. Éstos últimos ya saben lo que es la cultura ciudadana y aprendieron a ser libres sin olvidar es respeto a los otros.

Por: Alejandro Rutto Martínez
Fuente: www.articulo.org