Las raíces de la tierra que pisamos

La hispanidad en México es algo que siempre está en el entorno, ya sea como una realidad histórica en todo el territorio nacional o como una entidad que nos matiza y caracteriza. La hispanidad supone una forma colectiva de vida, se trata de una cosmovisión que abarca la forma de pensar y de actuar a través del idioma, la religión, creencias y axiología sobre la vida y la muerte.

Frente a todo nacionalismo teocrático, frente a la doctrina de la predestinación, frente al materialismo histórico y al humanismo antropocéntrico, se yergue la concepción de nuestra hispanidad, cuya función primordial es unirnos en nuestras diferencias, por medio de lo que nos es común, ya seamos habitantes de Cataluña, cholos de Los Ángeles, gente del Darién, de los Andes o del Plata, pasando por los llanos del Orinoco y la Amazonia, hasta la Tierra del Fuego. Nuestra hispanidad nos debe unir y distinguir de los demás, trascendiendo el “cosmos espiritual”.

Agustín Basave, en su obra Vocación y estilo de México, afirma que por la hispanidad habla José Enrique Rodó cuando se pronuncia contra la primacía del espíritu utilitario, contra la desnaturalización del genio personal plasmado en la historia de nuestro pueblo, contra la servil imitación de otros países. Ariel enarboló su noble y armónico universalismo:

Por la hispanidad habla Alejandro Korn cuando postula su tesis de la libertad creadora frente a un positivismo asfixiante que limita la actividad creadora del ser humano. Por la hispanidad habla José Vasconcelos cuando postula una lógica orgánica, una estética como instrumento del espíritu creador, una filosofía desinteresada de Odiseo frente a Robinson, una raza cósmica por la cual hablará el espíritu.

Fuente: exonline.com.mx