Un negro que no es de color

Estos días pasados me sorprendió leer que en Estados Unidos habían elegido, por primera vez en su historia, un presidente negro. Yo esperaba que los periódicos pusieran algo así como que los americanos habían elegido un presidente de color, pero me encontré con varios titulares, a toda página, que decían que el nuevo presidente era negro.

Por eso me sorprendió porque tenía entendido que negro, como adjetivo de las personas, había sido retirado del vocabulario español en una decisión arbitraria que no sé a quién atribuir. No sé si fue la autoridad gubernativa, que dio órdenes en ese sentido, o los medios de comunicación, que decidieron borrarlo de sus libros de estilo. También sospecho de la Real Federación Española de Fútbol pues, en su empeño por salvar de la marginación a los futbolistas negros, empezó cambiando el uniforme de los árbitros y no paró hasta colarnos que la exclamación «uuh» es un insulto racista que merece más castigo que ciscarse en la madre de uno o atribuirle el oficio más viejo del mundo. Dejo fuera de toda sospecha a la Real Academia de la Lengua.

El diccionario confirma que no cedió a las presiones y siguió manteniendo que «de color» quiere decir lo que dice; que tiene colores distintos al negro, el blanco y el gris. También descarto a la jerarquía eclesiástica ya que aún en el caso de que hubiéramos sustituido negro por «de color», simplemente, porque dios lo quiso, atribuir a la arbitrariedad divina semejante capricho es ir a lo fácil y olvidarnos de que la causa eficiente es, según Aristóteles, aquello que ha producido ese algo.

Fuente: lne.es