Se acerca la obamalatría

Aprincipios del Siglo XXI -se dirá- el mundo sufrió un cambio notable de raíz religiosa, aunque por aquel entonces nadie hubiera admitido esto: los contemporáneos juzgaban aquel proceso como una búsqueda de respuestas políticas a una crisis económica sin precedentes por su profundidad y duración y que, pese a sus efectos devastadores, tardo mucho en aceptarse como final de la etapa entonces llamada ´neoliberal´.

Es cierto que el elemento central de este proceso fue la ´obamamanía´, una forma de mercadotecnia que introducía todo el potencial supersticioso en una esperanza mágica de salir de la crisis, depositada en el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Pero bien pronto se convirtió en ´obamalatría´, una religión de la que podría decirse que nació integrista sino fuera porque, quizás, todas las religiones nacen así.

El caso es que Obama llegó al firmamento político como si lo iluminara la estrella de Belén, imponente y deslumbrante, señalando al ´elegido´: elegido por un montón de votantes pero también ´elegido´ en el sentido religioso de ´señalado´. Por entonces tenía un enorme significado simbólico que Obama fuera negro, porque Estados Unidos necesitaba una catarsis para dar formalmente por superado su persistente racismo. En Europa, por el contrario, se vivía un curioso proceso de reaparición de esta lacra: mientras se endurecía la legislación contra cualquier ideología disidente, incluyendo al racismo, los gobiernos se apuntaban al racismo más descarado, encarcelando a los inmigrantes por largos periodos en auténticos campos de concentración.

Fuente: laopiniondemalaga.e