San Marcos y su feria Aguascalientes

Plantad en medio de una plaza una estaca coronada de flores, reunid al pueblo en torno de ella y tendréis una fiesta.

Haced mejor aún: presentad a los espectadores como espectácul* o; convertidlos a ellos mismos en actores; haced que cada uno se vea y se ame en los demás, a fin de que todos estén más unidos.

J.J. Rousseau, Lettre à d’Alembert sur les spectacles.
Históricamente las ferias han formado parte del corazón del mundo comercial. En términos económicos, interrumpen los circuitos tradicionales y ofrecen a los feriantes opciones para los negocios y, desde luego, para la diversión. Porque las ferias se encuentran también vinculadas a la fiesta o al carnaval, a la música y al baile, en donde los órdenes sociales o políticos se ponen de cabeza para que con ello la comunidad pueda renovarse cada año. La Feria Nacional de San Marcos se ha convertido en el elemento más importante de identificación del estado de Aguascalientes tanto a nivel nacional como internacional. Si bien Aguascalientes ha sido considerada como tierra de “gente buena”, en donde la paz pública pareciera ser una de sus características, esta imagen de ciudad y estado tranquilo y laborioso, año con año se ve trastocada por lo que puede considerarse la feria más importante de México.

Antecedentes

La primera feria de Aguascalientes tuvo sus inicios en 1828. Comenzó a realizarse en el mes de noviembre, dando origen al primer Parián ubicado frente al templo de San Diego, con fines claramente comerciales.
Para mediados del siglo xix, la feria se cambió al mes de abril, dentro de las celebraciones de San Marcos, antiguo pueblo de indios situado a unas cuadras de la plaza mayor de Aguascalientes.
Con la llegada del ferrocarril en 1884, la ciudad fortaleció su antigua vocación comercial y, con ello, su primacía regional, por lo que la feria pudo promoverse y conocerse más allá de los límites y los encantos de una pequeña fiesta de pueblo.
Dentro de la imaginación popular, la coronación de la reina, tradición que comenzara en los años veinte del siglo pasado, representa no sólo un concurso de belleza sino la añoranza de una sociedad tradicional con fuertes vínculos solidarios, en donde el gobernador corona a la elegida, el poeta improvisa el elogio y el pueblo admira la majestuosidad del acto. Es la escenificación teatral de nuestra vida social, en donde la más alta jerarquía convive con sus gobernados en una búsqueda de la unidad.

Los juegos representan tradicional y simbólicamente a la feria. Desde luego, están los “prohibidos” juegos de mesa en el Casino, pero también la “rueda de la fortuna”, quizá su mejor expresión: se puede vivir el vértigo, con la única certeza de que la suerte cambia.
La fiesta de los toros se encuentra histórica y emocionalmente vinculada a esta Feria Nacional de San Marcos; no podría hablarse de una sin la otra, aunque por momentos pareciera que la suerte de los toros inicia una agonía que no corresponde al esplendor de la feria.
Año con año, la Feria Nacional de San Marcos cumple con su función catártica, no sólo al permitir actitudes tradicionalmente prohibidas, sino también al propiciar el encuentro de ricos y pobres, al conciliar una gran diversidad de contradicciones culturales, creando con ello un espacio donde las identidades se recrean y la comunidad se refuerza.
Fuente: Tips de Aeroméxico No. 21 Aguascalientes / otoño 2001