Identidad latina

Entre los estudiosos de la historia y la cultura existe una especie de acuerdo común que los latinoamericanos son predominantemente mestizos. No son españoles; ni portugueses; ni tampoco indios en un cien por ciento; sino que el resultado natural de un sincretismo etno-histórico de todos los grupos humanos aquí mencionados; añadiendo a la lista el evidente factor negroide.

Clarificar lo anterior es indispensable para poder comprender la complejidad del proceso de cristianización que se experimentó, una vez superada la fase de conquista, en el subcontinente latinoamericano; sobre todo a partir de los inicios del largo período de colonización española y portuguesa, en los albores de la aprobación de las “Leyes Nuevas” durante el año 1542, que vinieron a convertir a los indios americanos en súbditos de la Corona española y en protegidos directos de las misiones humanísticas de la Iglesia Católica, a fin de enfrentar con algún éxito la voracidad de diversos colonizadores.

El trasplante de la civilización hispánica al Nuevo Mundo sólo fue factible cuando los “nativos” pudieron identificarse con algunos arquetipos del santoral católico mediante la ingeniosa adaptación de la Virgen María a la cosmovisión indo-mestiza, como es el caso de la misteriosa revelación de la “Virgen de Guadalupe” al beato indígena Juan Diego, en los alrededores de la antigua capital mexicana, en los comienzos del Virreinato de la Nueva España. Otro caso ilustrativo es el de los indios y mestizos que hermanaron, por su propia cuenta, al “Cristo crucificado” con Topilzín Quetzalcóatl, un dios mesoamericano martirizado por su misma gente en la ciudad de Tula, en los tiempos clásicos de la civilización tolteca, muchos siglos antes de la llegada de los españoles.

Fuente: latribuna.hn