Hijos bastardos de Darwin: La eugenesia y las teorías racistas

La obra de Charles Darwin removió los cimientos del conocimiento científico. Como ha dicho algún estudioso, se trató de la aportación más decisiva desde los hallazgos de Copernico. Con Darwin y su teoría de la selección natural de las especies, no sólo se removieron los cimientos del conocimiento ceintífico establecido.

También brotó lo que la historiografía denominó «darwinismo social», una corriente que Gobiernos de diferente signo quisieron instrumentalizar como coartada para sus proyectos políticos, proyectos que muchas veces se cimentaron sobre la violencia y la opresión.

Extrapolar a las sociedades humanas, las conclusiones que el naturalista inglés sacó en relación con los ecosistemas naturales, tal y como autores de la época como Herbert Spencer, sirvió para justificar las desigualdades sociales e incluso las políticas racistas que los Gobiernos de las potencias europeas aplicaban en sus colonias con total desprecio para la población autóctona.

Pasó poco desde que en 1858 Darwin explicara que en la naturaleza se opera una selección en la que sólo los mejor diseñados subsisten hasta que se quiso pensar que idéntico mecanismo regía entre los hombres. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche afirmaba en una obra de elocuente título, «Voluntad de Dominio», que sería deseable que existiera una casta de superhombres que llevara las riendas de la colectividad y domeñara al resto de sus semejantes, igual que ocurre en el reino animal.

Fuente: abc.es