Una cultura verdaderamente humana no tiene clases sociales

Para los muchos oaxaqueños, de morena y curtida piel, de surcos en cara y pies, con chata nariz, con tostadas espaldas, que afirman descalzos la existencia, con la agricultura no ceden, las tierras se labran entre esas construcciones inconclusas de una ciudad que no acaba de erguirse soberana -muchas de block gris- de formas laberínticas con pretensiones de futuro.

Para otro espacio, otro piso que no llega con los años ni con el esfuerzo de una vida o de todas las vidas de los cohabitantes nuevos y sus ancestros. Esto los coloca en el “eje de la maldad y el terror”, al que los monopolios trasnacionales del pensamiento y el patrón de consumo único, le han declarado la guerra, pues sobreviven al asedio del crédito plástico, para alimentos, vestido, cultura chatarras, se resisten con conocimientos propios a la modernidad inhumana de hecho y a la fantasía virtual de la televisión le oponen su cosmogonía, beben su propia bebida, danzan su cosmogonía, se reúnen con bordados huipiles en masas abigarradas de sonrisas de anchos dientes y alas, vuelan sin permiso de los monopolios.

No hace poco asaltaron en plena insurrección popular y pacífica las estaciones de televisión y las de radio para verse y escucharse pues no existían en esta realidad planetaria en la que no caben los indios ni en su propia tierra, las humanizaron por algunos días, se descubrieron para proyectarse, nada volverá a ser igual en las historia de la humanidad, han aprendido con la experiencia.

Algunos mestizos, que han perdido la identidad, no son ni indios ni españoles, sino resentidos que intentarán parecerse lo más posible al opresor, consumidores de una modernidad que sólo pasa por sus bolsillos, con la erosión del alma se vuelven desalmados, caníbales que hacen poemas de amor con frases masculladas de otros.

Fuente: poresto.net