Autonomías indígenas, mestizas y blancas

El tema de las autonomías no pasa de moda en nuestro país. Pero, ¿cuántas autonomías pueden concebirse en un discurso ampliado que parta de la estructura de propiedad y de la distribución de la riqueza material y cultural concomitante con las plurietnias diseminadas en el territorio nacional? ¿Existen autonomías históricamente determinadas, digamos, para los indígenas de todas las regiones de México? En todo caso deberíamos remontarnos al tiempo de los olmecas o los mayas, culturas cuyos restos se pierden en los confines de la investigación arqueológico-antropológica.

Entonces, los conceptos de territorialidad podrían corresponderse más con la Colonia, es decir, con la fusión cultural sucedánea, bajo la hipótesis de que muchos grupos o pueblos indígenas permanecieron intactos, aislados, sin conquistar definitivamente sus dominios y a salvo, desde luego, de las brutales encomiendas y de las otras figuras tributarias basadas en la explotación de los territorios, además del ‘sui generis’ esclavismo determinado por otras formas de control regional. En todo caso, la autonomía no fue absoluta, territorialmente hablando. Se habla, pues, de un desplazamiento territorial histórico de los indígenas y de un ultraje a sus ancestrales formas de vida. Estamos de acuerdo; sin embargo, la fusión hispanoindígena creó un mestizaje que ahora es mayoritario entre la población del país y se desparrama por todo el territorio mexicano, sin dejar resquicio.

Ellos, los mestizos -nosotros, vaya-, echaron las raíces de estos últimos casi 500 años; pero nadie reivindica formalmente las autonomías mestizas ni sus posibles derechos a tierras comunales mestizas o ejidales, en última instancia, tal vez porque los mestizos nacieron privados de tierras y su hibridez como raza… ¿merecían más bien sufrimientos y castigos que derechos?

Fuente: laopiniondemichoacan.com.mx