Ateísmo

El ateísmo es la no creencia en seres superiores. Proviene del griego ??e?? (‘a’: partícula negativa; ‘theos’ o ‘zeos’: ‘dios’), ‘sin dios’.

Se puede definir más explícitamente como la no creencia en seres o entidades metafísicas, debido a la falta de pruebas racionales que demuestren su existencia. En este sentido, no creer en un Dios en particular (como Yahvé), y sí creer en alguna fuerza mágica que une todo el universo (como la Fuerza , de Star Wars, o el Ki japonés) no es ateísmo.

El ateísmo no es una religión. El ateo, en general, ha pasado por un proceso de cuestionamiento, investigación y recopilación de respuestas, que le permiten afirmar que las entidades metafísicas no existen, y que las diversas manifestaciones “extrañas” del universo tienen una explicación racional (incluso, si ésta aún no se ha encontrado).

Ser ateo no es ser inmoral. La moralidad para el ateo no se basa en preceptos axiomáticos, de revelación divina. Se basa en la búsqueda del bienestar humano, como individuo y sociedad, y en la racionalidad adquirida sólo a través del conocimiento.

Existe una distinción entre el ateísmo fuerte, que es ateismo puro, y el ateísmo débil, que es la falta de fe en dioses, generalmente, debido a problemas personales, y no por una búsqueda racional de respuestas.

El término agnosticismo es diferente: un agnóstico sabe que es imposible determinar si existe un dios en particular o no. Por esto, afirma que no puede probar la existencia de algún Dios, pero tampoco la descarta.

Los ateos suelen confiar en tesis racionalistas para explicar lo que explican las religiones, pero otros ateos dicen que no hay que explicar nada: la carga de la prueba cae sobre quien afirma la existencia de algo.

Según el Britannica Book of Year (1994) hay 1154 millones de agnósticos y de ateos en el mundo. La World Christian Encyclopedia anuncia 1071 millones de agnósticos y 262 millones de ateos en el año 2000. Según la obra de J. Baubérot (dir.), Religion et laïcité dans l’Europe un cuarto de la población europea sería «no religiosa». El 5% de los europeos serían ateos convencidos. Una encuesta en 21 estados sobre un universo de 21 000 personas y publicada en diciembre de 2004 ofrece que un 25 % de los europeos del oeste se dicen ateos contra un 12 % en los países de Europa central y oriental. Otras encuestas arrojan el resultado de que el 49% de los checos y el 41% de los holandeses son ateos.

Fueron ateos los filósofos griegos Teodoro, Leucipo, Demócrito y Epicuro; el filósofo y poeta romano Lucrecio; el persa Omar Kayyam; los filósofos del Racionalismo Pierre Bayle y Baruch Spinoza; los ilustrados Holbach y Denis Diderot; los filósofos decimonónicos Stirner, Ludwig Feuerbach y Nietzsche; el novelista y poeta del naturalismo Thomas Hardy; el médico y novelista español Pío Baroja; los filósofos del siglo XX Jean-Paul Sartre, Comte-Sponville, Albert Jacquard y Michel Onfray.

Ateísmo y lenguaje

En cualquier caso, el lenguage coloquial está permeado de expresiones teístas, que van desde la despedida (por ejemplo, adiós es apócope de “a Dios te confío”, y ojalá proviene del árabe inshallah, “Dios lo quiera”).

Asimismo, el término “ateo” y el “ateísmo” están llenos de connotaciones negativas en el lenguaje. Además, tienen un uso bastante polémico que se refiere a quien no cree en una determinada fe pero sí cree en otra.

Por ejemplo, su uso como acusación entre los romanos paganos y los primeros cristianos. Sócrates también fue acusado de ser ateo.

Organizaciones religiosas ateas

El ateísmo no es necesariamente sinónimo de irreligión. Existen religiones, entre las que se encuentra buena parte del budismo, el universalismo unitario y el universo, que no requieren la fe en un dios.

También han surgido numerosas “iglesias” ateas, como la de los panteístas naturalísticos, el brianismo y la Hermandad de la Razón.

Moralidad y filosofía

El ateísmo no prescribe ningún código ético concreto: se limita a ser la no creencia en dioses. Muchos ateos, sin embargo, están involucrados en escuelas de pensamiento, como el humanismo secular, el universismo, el racionalismo y la filosofía objetivista.

La mayoría de las religiones incluyen un código ético (por ejemplo, los Diez Mandamientos) y enseñan que la moral proviene de su dios o dioses.

Muchos seguidores, por tanto, creen que el no creer como lo hacen ellos implica no tener moral; o incluso si creen en un(os) dios(es) que les protegen, en su caso, que los no creyentes estarán desprotegidos y a merced de la influencia corrompedora de los agentes del mal como Satán.

Casi todos los ateos niegan categóricamente la acusación de que son amorales: sostienen que seguir la moral de su propia conciencia es en la práctica más moral que lo que ha ocurrido históricamente como resultado del seguimiento de dictámenes religiosos.

Existen numerosos ejemplos de códigos éticos ateos, como el código ético del humanismo secular. Muchas ONGs son ampliamente consideradas morales, aunque no sean religiosas, como Oxfam y Médicos Sin Fronteras.

Muchos ateos y algunos teístas consideran que la moral no requiere una religión.

Persecución

En la Europa medieval e incluso hasta el siglo XVIII, el ateísmo fue considerado inmoral y generalmente un crimen. Los ateos podían ser condenados a la hoguera especialmente en los países donde operaba la Inquisición.

Mientras que los protestantes y muchos otros sufrían discriminación y persecución por parte de la Iglesia Católica dominante, Juan Calvino estaba a favor de quemar a los ateos y herejes.

Los cazadores de brujas y la Inquisición estaban más que dispuestos a torturar y ejecutar a los que consideraban ateos o brujas… o no necesariamente. (Véase por ejemplo la suerte que corrió Jean-François de la Barre )

En algunas culturas, promocionar el ateísmo ha sido criminalizado, e incluso hoy en día muchos países europeos occidentales como Alemania y España tienen leyes que persiguen las blasfemias, aunque rara vez se llevan a la práctica.

Muchos teístas consideran que los que no creen en un dios son inmorales, amorales o no aptos como miembros de la sociedad. Las escrituras de muchas religiones contienen denuncias contra los no creyentes, como ocurre en 2 Tesalonicenses 1:6-9 en la Biblia.

Estados Unidos

Desde la Segunda Guerra Mundial, con cierta frecuencia ha habido jefes militares de Estados Unidos que han utilizado la expresión “no hay ateos en las trincheras”, lo que ha sido duramente cuestionado por grupos de ex-combatientes ateos. Durante la Guerra Fría , el hecho de que los enemigos comunistas de los Estados Unidos fueran oficialmente ateos promovió la idea de que los ateos eran antipatriotas y poco fiables.

Durante la campaña presidencial de 1988, el candidato republicano George H. W. Bush dijo “No sabía que los ateos debían ser considerados ciudadanos, ni que debían ser considerados patriotas.

Ésta es una nación al amparo de Dios” (en el ingles original: “I don’t know that atheists should be regarded as citizens, nor should they be regarded as patriotic. This is one nation under God”).

Se han formulado argumentos similares durante la controversia que surgió en torno a la inclusión de la expresión “al amparo de Dios” (under God) en el Juramento de Lealtad estadounidense, expresión que fue incorporada al juramento al principio de la Guerra Fría.

Algunos grupos filosóficos de los Estados Unidos han protestado ante estos hechos, pues su Constitución establece con claridad el principio de separación entre Iglesia y Estado, defendido por los mismos padres fundadores.

El ateísmo en el comunismo, el marxismo y la Guerra Fría

El ateísmo ha sido la posición religiosa oficial de la mayoría de los países comunistas como la República Popular de China y la ex-Unión Soviética. Karl Marx, un ateo, escribió que la religión es el “opio del pueblo”, lo que se suele interpretar como una droga que oculta al pueblo la realidad social y que lo hace más fácil de controlar y explotar.

Otros sugieren que el mismo comunismo puede ser considerado una religión. Otros muchos consideran además, que el opio del pueblo es actualmente la industria del entretenimiento y la deportiva.

En la URSS y la República Popular de China se toleró la existencia de algunas iglesias que aceptaron ser estrictamente controladas por el estado.

Como el objetivo de los comunistas era erradicar la religión como algo que ellos consideraban un sistema irracional de creencias, las iglesias poderosas como la Iglesia Católica fue considerada uno de los enemigos más fuertes del comunismo desde el principio.

Aparte de la doctrina comunista, muchas dictaduras han regulado o prohibido grupos religiosos considerados posibles centros de oposición a su gobierno totalitario.

Por otra parte, los servicios de inteligencia occidentales han cooperado a menudo con grupos religiosos locales para construir un movimiento opositor a regímenes hostiles. Un ejemplo extremo es el entrenamiento y la financiación de los muyahidínes de Afganistán por la CIA en los años 1980.

Esto condujo directamente a la aparición de los Talibán (Estudiantes del Corán) y a un largo periodo de resurgimiento del fundamentalismo islámico en sus versiones más conservadoras y restrictivas.

Fuente: Wikipedia