El cristianismo en Palestina

Después de la muerte de Jesús, los discípulos volvieron a Jerusalén. Es difícil reconstruir los hechos históricos, siendo los más descriptivos los del Nuevo Testamento. Simón Pedro, propuso en una reunión de unas ciento veinte personas que se designara a quién debía ocupar el lugar de Judas Iscariote en el apostolado. La suerte recayó en Matías, quien completó el número de los apóstoles.

Unos días más tarde al cumplirse los cincuenta de la Pascua , en que tenía lugar la fiesta de Pentecostés, “estaban todos juntos en un mismo lugar, cuando de repente sobrevino un ruido, como de viento impetuoso que sopla, y llenó toda la casa donde estaban. Al mismo tiempo, vieron aparecer unas como lenguas de fuego que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos. Entonces fueron llenados todos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas.

Había por entonces en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones del mundo. Divulgado este suceso, acudió una gran multitud de ellos, y quedaron atónitos al ver que cada uno oía hablar a los apóstoles en su propia lengua” (Hch. 2, 1-6). Con la presencia del Espíritu Santo en el Cenáculo se había cumplido una de las promesas de Jesús.

La expansión del Cristianismo por Israel, mal llamado por el emperador romano de la época Palestina fue rápida. A raíz del hecho que se ha consignado, un sermón de Pedro hizo que fueran bautizadas “cerca de tres mil personas” (Hch. 2, 41) Y añade Lucas: “perseveraban todos en las instrucciones de los apóstoles y en la comunión de la fracción del pan, y en la oración” (Hch. 2,42)

Según Lucas, “Los creyentes vivían unidos entre sí, y nada tenían que no fuese común para todos ellos”. En otro pasaje, se refiere que Dios castigó con la muerte a quienes mintieron a Pedro, reservándose una parte de su dinero. “Vendían sus posesiones y demás bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

Asistiendo asimismo cada día largos ratos al templo, unidos por un mismo espíritu y partiendo el pan por las casas. Tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y haciéndose amar de todo el pueblo. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que abrazaban el mismo género para salvarse (Hch. 2, 44-47)

Surge de modo incipiente una jerarquía en cada nueva comunidad: un Obispo, varios sacerdotes y los diáconos que le ayudan en la administración de bienes comunes, distribución de limosnas, auxilio a las viudas, huérfanos, pobres y enfermos.

El joven diácono Esteban fue el protomartir del cristianismo; pagó su ardor con la vida. Acusado ante el Sanedrín de haber pronunciado palabras contrarias al espíritu de la Ley mosaica y de haber vaticinado la destrucción del Templo de Jerusalén, fue apedreado (33 d.C.) por el pueblo ante las murallas de la ciudad.

A partir de entonces se inicia una persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Varios cristianos marcharon de la ciudad. El diácono Felipe predicó con éxito en Samaria para centrar luego su apostolado en Cesarea. Otros lo hicieron en Judea. Y otros empezaron a evangelizar a los gentiles.

La tradición eclesiástica invocaba, desde muy antiguo, la llegada del apóstol Pedro a Roma (43 d.C.), la creación temprana de la Iglesia de la capital del orbe, las discusiones que provocó en la colonia judía y que motivaron en el 49 un decreto de expulsión de los judíos, el regreso hacia el 58 y la redacción desde Roma de la primera epístola dirigida por Pedro a las comunidades de Asia Menor. En Roma halló Pedro la muerte, en la persecución del año 67, pereciendo crucificado cabeza abajo, en la arena del circo de Nerón que se alzaba en el montículo Vaticano.

Tenían plena vigencia las palabras de Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. A tí te daré las llaves del reino de los cielos.” (Mt. 16, 18-19), que fundamentarán la primacía de Pedro sobre los restantes obispos. Excavaciones realizadas durante los últimos años en el subsuelo de la actual Basílica Vaticana han permitido localizar los restos de la tumba del apóstol. Según parece, debió consistir en una humilde sepultura edificada en un predio cristiano al lado de un camino público que atravesaba una zona sepulcral.

A fines del siglo primero, se escribió la Doctrina de los doce apóstoles, compendio surgido de las zonas de Siria, Palestina o Egipto, compuesto en griego y vertido al latín y al árabe. Es la primera colección de derecho canónico y contiene datos exclusivos sobre las primeras comunidades.

” Dos son los caminos, el de la vida y el de la muerte y difieren mucho estos dos caminos. Pues el camino de la vida es éste: primeramente amarás a Dios, que te ha creado y luego, al prójimo como a ti mismo. Abstente de deseos carnales y corporales. Mójese en sudor la limosna en tus manos hasta que sepas a quien has de darla. No matarás, no cometerás adulterio, no abusarás de los jóvenes, no fornicarás, no robarás, no practicarás la magia, no envenenarás, no harás perecer el infante concebido, provocando el aborto, ni lo matarás una vez nacido.” (Doct., c.I).

“No habrá doblez en tu pensamiento ni en tu lenguaje, pues la doblez en el hablar es red que lleva a la muerte. Tu palabra no será mentirosa, ni avara, sino llena de eficacia. No serás codicioso, ni rapaz, ni hipócrita, ni maligno, ni soberbio. No formarás ningún mal designio contra tu prójimo (Doct., c.2)

“Cada día del Señor, luego que os hayáis reunido, partid el pan y dad gracias, previa la confesión de vuestros pecados, a fin de que sea puro vuestro sacrificio” ( Doct., c.14)

“Elegid para vosotros obispos y diáconos dignos del Señor. Velad sobre vuestra vida. Pues en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores; y las ovejas se tornarán lobos, y el afecto se cambiará en odio. ( Doct., c.16).

Fuente: Wikipedia