El trabajo de campo

Trabajo de campo, en antropología, recogida y análisis de los datos relativos a la cultura de una sociedad o grupo de personas. Los primeros trabajadores de campo fueron los antropólogos de finales del siglo XIX, que recibieron de los gobernadores coloniales el encargo de suministrarles información acerca de la población nativa de las colonias.

El trabajo de campo se centra en la recogida de datos primarios y secundarios. Los datos primarios se recopilan a través de la observación participante, que consiste en que el antropólogo convive con los individuos y se convierte, dentro de lo posible, en miembro activo del grupo durante un periodo significativo. También se utilizan las entrevistas formales, los cuestionarios, las genealogías y las historias orales. Los datos secundarios se extraen de otras fuentes como los archivos, censos y estudios locales. El trabajo de campo se suele plantear con un doble enfoque: el primero, el del investigador que contempla la cultura a estudiar desde un punto de vista interno, y el segundo, que consiste en adoptar una postura objetiva, de observador externo. Al primer punto de vista se le denomina emic y al segundo etic; cualquier trabajo de campo incorpora proporciones variables de ambos puntos de vista.

El trabajo de campo se diferencia de la mayoría de los procesos científicos por las dificultades que presenta examinar experimentalmente a un grupo de personas; en consecuencia, los resultados publicados incorporan el elemento descriptivo como ayuda al lector para que se forme una idea de aquellos aspectos no cuantitativos de la cultura estudiada. El antropólogo debe olvidar cualquier aspecto asumido de forma previa y estar dispuesto a replantear conceptos tales como la amistad o el bien y el mal dentro del contexto de una nueva cultura.

Los métodos que utilice el trabajador de campo para introducirse en el grupo deben ser fiables. Puede suceder que el científico se asocie inconscientemente con un grupo marginal, social o con una casta selectiva, lo cual hará que sus estudios queden restringidos a una minoría y no sean válidos para el grupo en su conjunto. El sexo del investigador puede también influir en el trabajo de campo; muchos interlocutores se muestran reacios, o incluso se les prohíbe hablar francamente sobre determinadas materias o ejecutar ciertos ritos en presencia de personas del sexo contrario.

Debido a los enfoques emic y etic del antropólogo, el trabajo de campo puede llegar a ser emotivo y traumático, no sólo para el investigador, sino también para las personas objeto de estudio, que se pueden ver muy afectadas por la intromisión de un extraño en su entorno. Por una parte, es posible que los trabajadores de campo se sientan inclinados a resolver ciertas disputas, proporcionar ayuda médica o a entablar amistad; por otra, deben intentar que su descripción sea objetiva aunque sientan que ‘traicionan’ algunas confidencias o detalles íntimos cuando resulten fundamentales para las conclusiones finales. Esta relación desigual de poderes suele ser la fuente de muchas disyuntivas éticas relativas al trabajo de campo.

Fuente: Microsoft Encarta