Escolástica

El escolasticismo es el movimiento teológico que intentó utilizar la filosofía grecolatina clásica para comprender la revelación religiosa del Cristianismo.

Dominó en las escuelas (scholae) catedralicias y en los estudios generales que dieron lugar a las universidades medievales europeas, en especial entre mediados del siglo XI y mediados del siglo XV.

Su formación fue, sin embargo, heterogénea, ya que acogió en su seno corrientes filosóficas no sólo grecolatinas, sino árabes y judaicas.

Esto causó en este movimiento una fundamental preocupación por consolidar y crear grandes sistemas sin contradicción interna que asimilasen toda la tradición filosófica antigua.

Por otra parte, se ha achacado al Escolasticismo una excesiva dependencia del argumento de autoridad y el abandono de las ciencias naturales y la experiencia empírica.

Evolución

La evolución del escolasticismo pasó, sin embargo, desde una inicial identificación entre razón y fe (el mismo Dios era la fuente de ambos tipos de conocimiento y la verdad era uno de Sus principales atributos, pues no podía contradecirse a Sí mismo en estos dos caminos hacia la verdad y, en último caso, si había conflicto, la fe prevalecía sobre la razón y la Teología sobre la Filosofía ) a la conciencia de que tenían sólo una zona en común y, por último, ya en el siglo XIII, a una separación y divorcio absolutos entre ambos criterios y entre Teología y Filosofía.

Alta escolástica

Se denomina alta escolástica la que tuvo lugar durante los siglos XI y XV, período caracterizado por las grandes cruzadas, el resurgimiento de las ciudades y por un centralismo del poder papal que desembocó en una lucha por las investiduras. La figura más descollante de esta época fue San Anselmo de Canterbury (1033-1109)

Considerado el primer escolástico, sus obras Monologion y Proslogion tendrán una gran repercusión posterior, centrada sobre todo en su tan debatido argumento ontológico, refutado por Kant.

Pedro Abelardo (1079-1142) renovará la lógica y la dialéctica y creará el método escolástico de la quaestio, un problema dialecticum con su obra Sic et Non. En el siglo XII, la escuela de Chartres se renueva con las figuras de San Bernardo (muerto en 1124),

Thierry de Chartres, Bernardo Silvestre y Juan de Salisbury. Influenciados por el platonismo, el estoicismo y la ciencia árabe y judía, su interés se centró fundamentalmente en el estudio de la naturaleza y en el desarrollo de un humanismo que entrará en conflicto con las tendencias místicas de la época representadas por Bernardo de Claraval (1091-1153).

Hugo de San Victor, sin embargo, llevará a cabo una conciliación entre misticismo y escolasticismo, siendo además el primero que escribió una Summa teológica en la Edad Media.

El apogeo de la escolástica coincide con el siglo XIII, se fundan las universidades y surgen las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos), de donde procederán la mayoría de los teólogos y filósofos de la época.

Los dominicos asimilaron la filosofía de Aristóteles a partir de las traducciones e interpretaciones árabes de Avicena y Averroes.

Los franciscanos seguirán la línea abierta por la patrística, y asimilarán el platonismo, que era mucho más armonizable con los dogmas cristianos.

Entre los franciscanos destacan Alejandro de Hales, San Buenaventura (1221-1274) y Roberto Grosseteste, aunque este último perteneció también a la Escuela de Oxford, mucho más centrada en investigaciones científicas y en el estudio de la naturaleza y una de cuyas principales figuras fue Roger Bacon (1210-1292), defensor de la ciencia experimental y de la matemática

El máximo representante de la teología dominica y en general de la escolástica es sin duda santo Tomás de Aquino (1225-1274). En su magna obra Summa teológica aceptó el empirismo aristotélico, su teoría hilemórfica y la distinción entre dos clases de intelectos.

De la filosofía árabe tomó la distinción ajena a los griegos entre la esencia y la existencia, a partir de la cual elaboró sus argumentos cosmológicos para demostrar la existencia de Dios: las cinco vías tomistas. La demarcación entre filosofía y creencia religiosa llevada a cabo por Tomás de Aquino iniciará el proceso de independización de la razón a partir del siglo siguiente y representará el fin de la filosofía medieval y el comienzo de la filosofía moderna

En efecto, en el siglo siguiente los franciscanos empiezan a cuestionar la escolástica y esta entra en decadencia. Sus máximos representantes son J. Duns Scoto (1266-1308) y Guillermo de Ockham (1290-1349).

Duns Escoto, franciscano de origen escocés, sustituye la idea de Dios por la idea del ser en cuanto ente (ens) y se produce una ruptura entre la fe y la razón para permitir la independización de la filosofia y la ciencia de la teología. Pero será Guillermo de Ockham el que lleve más lejos esta evolución.

Su famoso principio de economía, denominado “la navaja de Ockham”, postulaba que era necesario eliminar todo aquello que no fuera evidente y dado en la intuición sensible: “El número de entes no debe ser multiplicado sin necesidad”.

En el acto de conocer hemos de dar prioridad a la experiencia empírica o “conocimiento intuitivo”, que es un conocimiento inmediato de la realidad (particular), ya que si todo lo que existe es singular y concreto, no existen entidades abstractas (formas, esencias) separadas de las cosas o inherentes a ellas. Los universales son únicamente nombres (nomen) y existen sólo en el alma (in ánima).

Esta postura, conocida como nominalismo, se opone a la tradición aristotélico-escolástica, que era fundamentalmente realista. Los conceptos universales, para Ockham, no son más que procesos mentales mediante los cuales el entendimiento aúna una multiplicidad de individuos semejantes mediante un término.

El nominalismo conduce a afirmar el primado de la voluntad sobre la inteligencia. La voluntad de Dios no está limitada por nada (voluntarismo), ni siquiera las ideas divinas pueden interferir la omnipotencia de Dios.

El mundo es absolutamente contingente y no ha de adecuarse a orden racional alguno. El único conocimiento posible ha de basarse en la experiencia (intuición sensible). La teología no es una ciencia, ya que sobrepasa los límites de la razón: la experiencia. Después de Ockham, la filosofía se liberará de la teología y la ciencia comenzará su andadura autónoma.

La escolástica jesuita. Francisco Suárez

Todavía, sin embargo, dará el escolasticismo una gran figura, pero ya en el siglo XVI, en la figura del jesuita español Francisco Suárez (1548-1617).

En su obra más importante, las Disputas metafísicas (1597), escrita en latín, resume y moderniza toda la tradición escolástica anterior y sienta las bases del iusnaturalismo o derecho natural de Hugo Grocio

Su obra, fecunda en inspiraciones ulteriores, fue muy influyente a lo largo del siglo XVII y XVIII y todavía se pueden encontrar ecos de ella en Hegel e incluso en Heidegger. Si bien continúa la tradición aristotélica de la filosofía española, añade elementos del nominalismo.

Así, para Suárez la distinción entre esencia y existencia es solamente una distinción de razón y de hecho cada existencia tiene su propia esencia. Sólo Dios, en tanto que ser en sí, es capaz de percibir la distinción en el ser en otro, es decir, las criaturas

El cogito de René Descartes surge de la noción suareciana de sustancia espiritual creada, que razona por intuición; también la monada de Godofredo Guillermo Leibnitz surje de esta noción, así como la distinción entre esencia y existencia como distinción de razón; el concepto de sustancia de Baruch Spinoza tiene su origen en la filosofía de Suárez y asimismo el sujeto trascendental de Kant se inspira en la noción de analogía de atribución manejada en esta tradición escolástica.

Neoescolástica

En el siglo XIX se produce un resurgimiento de la escolástica denominado Neoescolástica y en el XX surgirá un “neotomismo”, cuyas figuras más representativas fueron Jacques Maritain y Etienne Gilson.

Fuente: Wikipedia