Hipnosis

Hipnosis es un estado de ensoñación, relajación mental o meditación profunda en el que parecen desconectarse temporalmente los sentidos que nos comunican con el mundo exterior (olfato, audición, gusto, tacto y visión). No tiene vínculos con prácticas religiosas, místicas, adivinatorias o afines. La persona en trance hipnótico puede ser sugestionada facilmente.

Las primeras investigaciones científicas del hipnotismo son de alrededor de 1770 cuando Franz Mesmer empezó investigar lo que llamaba el magnetismo animal o mesmerismo.

El nombre actual le fue dado en 1842 por el médico escocés James Braid, tomando como base el griego Hypnos, que significa sueño, porque sus síntomas son parecidos a los del sueño y el sonambulismo.

Cuando la mente consciente de un sujeto se deja influir por la sugestión, el miedo o la tensión que le produce un evento súbito inesperado, permite que la mente subconsciente acceda a los mensajes que se le envían por los sentidos, produciendo en el sujeto un estado en el que puede eliminar bloqueos o inhibiciones psicológicas.

A diferencia de la mente consciente, que es la que se emplea para hablar, razonar, trabajar, querer y controlar voluntariamente las acciones, la mente subconsciente carece de raciocinio y de lógica; maneja la memoria, las emociones, los complejos, los sentimientos de amor, culpa, odio y temor; trabaja con imágenes, figuras, sonidos, olores y emociones; almacena las vivencias, las prohibiciones, los tabúes, las creencias religiosas y las enseñanzas dadas con autoridad; ejecuta las funciones automáticas; nunca duerme; siempre está lista para tomar el control en las situaciones de peligro.

Se puede tomar como hipnosis el sentir temor cuando el personaje de una película está a punto de caer a un precipicio, como si tal cosa estuviese aconteciendo realmente; el experimentar enojo cuando “la mala” de la telenovela va a cometer una injusticia; el dejarse convencer por la palabrería de un vendedor profesional; el quedarse lelo mirando al vacío mientras la mente viaja por algún recuerdo; el estar absorto e imperturbable durante la lectura de un buen libro; el conducir el auto como con piloto automático mientras se está pensando en otras cosas.

La hipnosis la puede lograr el político con sus discursos, el pastor con la imposición de las manos, el vendedor con su perorata, el brujo con la danza y el tambor, o el hombre de ciencia mediante unas gafas con dos pequeñas luces intermitentes.

Se puede hacer a plena luz del día y hasta en medio del bullicio de un almacén. Al encontrarse cualquiera de los sentidos bajo la influencia de excitaciones táctiles, sonoras o visuales monótonas e incesantes, tal como mirando fijamente el ángulo de un cuadro, puede entrar en estado de inhibición o de fatiga.

Por ejemplo, cuando se le pide a un sujeto que fije su mirada en un péndulo que se mueve lentamente frente a los ojos, es normal que se produzcan lágrimas, que sienta fatiga en la vista y parpadee, lo cual era aprovechado en los métodos iniciales de la hipnosis para reforzar el poder de la sugestión: “Con cada respiración, y a medida que escuchas mi voz, siente como tus párpados se ponen cada vez más pesados y se quieren cerrar….

Sientes una agradable sensación de descanso cada vez que se cierran… Cada vez te es más difícil abrirlos… A medida que pasan los segundos, comienzas a sentir un sueño cada vez más profundo… Muy profundo… Muy profundo. A la cuenta de tres, dormirás profundo: Uno. Dos. Tres. ¡Dormid!”. Los métodos actuales para hipnotizar han cambiado, como veremos más adelante.

Se pueden sanar enfermedades de origen psicológico mediante la hipnosis. Así como la jeringa es un medio para inyectar la medicina en el organismo, la hipnosis es un medio rápido para inyectar amor, el remedio eficaz para dolencias del alma y del cuerpo.

Al recordar el origen o causa de las afecciones, se tiene la oportunidad de elaborar duelos, perdonar ofensas y enfrentar situaciones para liberar las presiones psicológicas que se manifiestan a manera de enfermedades inexistentes, las cuales no son detectadas por exámenes clínicos.

La hipnosis permite penetrar a lo profundo de la mente para hacer una regresión de memoria y descubrir el origen de los trastornos y sanarlos de raíz, usualmente mediante aceptación y perdón.

Inflamaciones del colon, gastritis, dolores de cabeza frecuentes, parálisis, bloqueos de memoria, ciertos tipo de cáncer y de artritis reumatoidea, por ejemplo, pueden ser causados por rencores, odios, miedos y depresiones.

Mitos y realidades sobre la hipnosis

Estar hipnotizado no es estar dormido. La persona es consciente de todo lo que sucede alrededor, y hasta puede abrir los ojos, hablar y opinar que todavía no se ha ido.

Cuando permite que fluyan libremente las sensaciones o pensamientos que le llegan a la mente a medida que el hipnotizador le habla, puede relajarse y recordar hechos olvidados.

También puede aceptar sugerencias de otras personas, excepto cuando el hipnotizador le ordena que sólo haga caso a su voz.

Difíciles de hipnotizar. Son difíciles de hipnotizar quienes sufren de retardo mental, piensan que les pueden hacer decir algo que ocultan, tienen prisa por cumplir un compromiso, mucha ansiedad por saber lo que se siente, o un vínculo familiar cercano con el hipnotizador, tal como la novia, la esposa, la madre o el hijo.

Algunos logran un trance hipnótico profundo en pocos minutos, y otros pueden tardar horas. Si alguien no se hipnotiza en la primera sesión, lo puede lograr posteriormente con otro método o hipnotizador.

Se consideran personas refractarias, o no hipnotizables, aquellas que requieren mucho tiempo para lograr el más mínimo efecto. En general, no se puede hipnotizar a nadie contra su voluntad.

Nadie se queda hipnotizado. Si el hipnotizador abandona a la persona en dicho estado, ésta despierta naturalmente al cabo de un rato, porque el sueño hipnótico se convierte en sueño natural. Si la persona no responde a las sugerencias, o no quiere despertar, no se preocupe.

Déjela o sígale la corriente hasta que cambie de parecer y despierte de manera natural.

El hipnotizado no hace cosas en contra de sus principios morales. La persona hipnotizada tiene control sobre lo que tiene que ver con su código de ética y principios morales; si hace algo inmoral bajo hipnosis es porque también había la posibilidad de que lo hiciera en estado consciente.

Un sujeto también puede ser engañado con artimañas, tal como sugerirle que está en un desierto muy caluroso, pretendiendo que se libere de ropas, pero, si lo hace, es por instinto de conservación y no por exhibicionismo. Cosa similar le hubiese podido ocurrir en estado de plena consciencia, como sucede a diario con los estafadores.

Lógicamente, el riesgo de algo indebido es menor cuando la persona está acompañada por algún amigo o familiar durante el proceso.

Las personas esperan “ver”, pero no es así. Por lo general, a medida que el hipnotizador le va solicitando al paciente que se ubique mentalmente en la primera causa que originó un determinado síntoma, éste percibe una sensación, imagen o pensamiento relacionado de alguna manera con el tema.

Algunas vivencias pueden ser históricas, pero otras son meras alucinaciones, en las que se combinan experiencias con anhelos de la inconsciencia.

Hipnosis por sugestión colectiva. Cuando los creyentes han sido predispuestos psicológicamente para aceptar las sugestiones de un predicador con facilidad de expresión, es fácil producir un trance hipnótico en la mayoría. Basta con decirles, por ejemplo, que hagan una fila quienes quieran recibir al Espíritu Santo.

A continuación el predicador se coloca frente a un sujeto de la fila y le dice con voz firme algo como lo siguiente: “Ya viene…

Está llegando… ¡Llegó!…”. En este instante lo toca en la frente y lo empuja un poco para hacerle perder el equilibrio. Usualmente la persona cae hacia atrás, desorientada por lo que sucede, mientras unos ayudantes la reciben y la acuestan en el suelo, causando con ello un efecto muy impactante para el resto de personas en la fila y asistentes al acto.

Para hacer esto más fácil, el predicador verifica previamente que el sujeto tenga los pies juntos sobre una línea imaginaria, lo cual hace inestable su posición.

Si tiene los pies separados, entonces empuja sutilmente un zapato del sujeto con el de él, como dando a entender que se tropezó, para hacer que lo mueva hacia atrás.

Para hipnotizar no se requiere ningún don especial. Lo puede hacer cualquiera que tenga facilidad de expresión y capacidad de convencer al otro. Se debe evitar hacerlo por jugar, ya que la mente humana es todavía un mundo desconocido que debemos tratar con respeto y un alto sentido espiritual.

Los animales no entran en hipnosis. Ningún animal entiende el lenguaje humano, al punto de dejarse sugestionar por lo que le decimos.

Obedece determinadas órdenes porque así lo hemos habituado, y algunos pueden quedar temporalmente en un estado de inmovilidad por causa de un movimiento súbito mientras se le hace fijar su vista en un objeto cualquiera. Este estado, llamado de fascinación, se debe más al instinto de conservación o reflejo condicionado, que a hipnosis.

Riesgos

No le aconsejamos hacerse una regresión a quien ha sufrido infartos cardíacos o tiene marcapasos, pues el recuerdo de vivencias traumáticas lo puede afectar.

Por otro lado, al igual que en una consulta de medicina tradicional, si el terapeuta es inmoral y la hipnosis se ha hecho a solas, puede ocurrir que trate de acariciar sin justificación partes íntimas de una paciente, pero, dado que ella goza de cierto control inconsciente, puede salir del trance hipnótico.

Es también posible que la persona bajo hipnosis reciba órdenes posthipnóticas para hacer algo indebido en el estado de vigilia (cuando haya salido del trance), pero ello es poco probable que ocurra, ya que tanto el hipnotizador como el hipnotizado tendrían que ser de dudosa conducta moral.

Al despertar se puede recordar todo, parcialmente o nada. Ello depende de varios factores, tal como lo profundo del trance, la intensidad traumática de las vivencias, las órdenes dadas por el hipnotizador y, respetando la opinión de algunos que no creen más allá de lo que pueden ver o tocar, depende también de la voluntad de un espíritu guía, maestro espiritual o ángel de la guarda, que a cada uno orienta por el buen camino.

Fuente: Wikipedia