Historia de la prensa española

Orígenes de la prensa española

La historia de la prensa en España se inicia con escritores de relaciones de sucesos, personas pagadas por algún consistorio municipal para que diesen cuenta manuscrita o a veces impresa de alguna fiesta religiosa, inauguración, visita importante, conmemoración o hecho memorable para que sirviera de recuerdo a los habitantes, o de avisos, informes manuscritos pagados igualmente y remitidos cada cierto tiempo a nobles que deseaban saber cualquier hecho importante acontecido en la Corte durante su ausencia forzosa.

Esta especie de corresponsales son relativamente frecuentes en el siglo XVII. Se conservan los avisos realizados por Jerónimo de Barrionuevo o Pellicer de Ossau.

También por esas fechas surgieron los mercurios o gacetas, una especie de boletines que informaban de las novedades ocurridas en las ferias comerciales importantes o los puertos de mucho tráfico. Por otra parte, interesado el estado por la popularidad e influencia que tales gacetas iban adquiriendo en la sociedad, el valido de Carlos II, don Juan José de Austria, se preocupó también de hacerse publicidad editando gacetas.

Éste vio en este recurso un medio para cimentar su posición y fomentar sus intereses, y con tal propósito, contrató al flamenco Francisco Fabro Bremundán, primer gacetero español de nombre conocido, para escribir e imprimir la primera gaceta española en 1661, la Relación o gaceta de algunos casos particulares, así políticos como militares, sucedidos en la mayor parte del mundo, de periodicidad mensual, aunque en Zaragoza continuó como semanal en 1676.

Pero, la muerte de Juan José de Austria y la revancha de sus enemigos interrumpieron un tiempo la publicación. Se reanudó, sin embargo, con el título de Gaceta Ordinaria de Madrid, aunque Fabro tuvo ya un competidor: las Nuevas Ordinarias de Sebastián Armendáriz. En 1697, ya muerto Fabro, su periódico sigue editándose como Gaceta de Madrid ya ininterrumpidamente y, con algún cambio ocasional de título, continúa hoy imprimiéndose como Boletín Oficial del Estado (B.O.E.).

La prensa española en el siglo XVIII

Por todas las ciudades importantes empiezan a surgir gacetas en el siglo XVII y XVIII, y pronto el contenido se diversifica y pluraliza, si bien en esta época los periódicos eran muy caros y sólo estaban al alcance de una minoría, pero constituyó sin duda alguna una de las vías más importantes por las que entraron en España las ideas ilustradas y la ideología burguesa.

Teniendo en cuenta que en esta época el 80 por ciento de la población era analfabeta, los lectores de “papeles periódicos” eran una minoría ilustrada compuesta por nobles y clérigos, miembros de la burocracia real, oficiales del Ejército y algunos sectores de la clase media como médicos, abogados, profesores y comerciantes.

Durante el siglo XVIII se distinguen en general tres etapas:

1.- Entre 1737 y 1750, consolidación de la prensa en España, con la aparición de los primeros periódicos, como El Diario de los Literatos.

2.- Entre 1750 y 1770: época de madurez y especialización.

3.- Desde 1770: momento de decadencia; si bien nacen algunas publicaciones interesantes en 1774 ligadas al auge impulsado por Campomanes de las Sociedades económicas de amigos del país, desaparecen muchas publicaciones debido a los acontecimientos políticos y la situación exterior (Revolución Francesa).

Se distinguían claramente dos tipos de publicaciones diferentes: la prensa culta (papeles periódicos) y la prensa popular (almanaques, pronósticos).

La prensa culta o papeles periódicos se imprimían con el permiso del Consejo de Castilla y se sometía a la censura eclesiástica. Podían comprarse en librerías o puestos callejeros o ser leídos en cafés y eran voceados por los ciegos, que poseían el monopolio de su distribución.

La información política y militar estaba en manos de dos periódicos oficiales (Gaceta de Madrid y Mercurio Histórico y Político). Las publicaciones de iniciativa privada se dedicaban fundamentalmente a los temas culturales o económicos. Defendían casi siempre una ideología avanzada y sus lectores eran una minoría ilustrada y burguesa.

La ejecución de la familia real francesa provocó un recrudecimiento de la censura y la suspensión temporal de la prensa: el rey Carlos IV prohibió la publicación de toda la prensa salvo los periódicos oficiales el 24 de febrero de 1791.

Pero los burgueses crearon también publicaciones de carácter popular que, ya existentes en el siglo XVII, se desarrollaron a lo largo del XVIII: los almanaques y pronósticos.

Eran libritos ilustrados con grabados que se distribuían a millares por pueblos y ciudades y ofrecían, so capa de informar del tiempo, los más variados contenidos: fuera del pronóstico meteorológico del año incluían datos sobre los cambios de la luna, pensamientos, pautas de conducta e instrucciones y enseñanzas sobre los más variados oficios.

Atraían con títulos sensacionalistas y poseían dos secciones: “La introducción al Juicio del año”, pronóstico de lo que iba suceder ese año según los astros, y El Juicio del año, especie de carta astral por estaciones, meses y días.

Hoy son valiosos porque constituyen una recopilación de cultura popular y una vía de difusión de los valores burgueses entre las clases bajas, pero su peligrosidad llevó a Carlos III a prohibir su publicación en 1767, bajo el pretexto de que constituían una lectura vana e inútil para el pueblo.

Con el S. XIX estas publicaciones no desaparecieron, pero cambiaron su función, ya que la burguesía contaba con un medio mucho más eficaz y directo para la difusión de sus ideas: los periódicos populares. Los más famosos almanaques fueron los de Diego Torres Villarroel, quien renovó y actualizó el género en su Ramillete de astros (1718) al convertir el Juicio del año en una narración ficticia donde unos personajes novelescos hacen el pronóstico y aprovecha para intercalar descripciones, monólogos, y otros variopintos materiales.

El Diario de los Literatos de España (1737) era una publicación de carácter cultural y literario que duró hasta 1742. Luchó contra las ideas barrocas y defendió la obra de Benito Jerónimo Feijoo e Ignacio de Luzán. Su propósito es “emitir un juicio ecuánime sobre todos los libros que se publiquen en España”. Tenía 400 páginas, formato de libro, costaba de 4 a 5 reales y ponía en circulación una tirada de entre 1000 y 1500 ejemplares.

El Diario Noticioso, Curioso, Erudito, Comercial y Político (1 febrero 1758) fue la primera publicación de periodicidad diaria de España. Constaba de dos secciones, una de divulgación con artículos de opinión, a menudo traducciones francesas, y otra de información económica donde se anunciaban ventas, alquileres, ofertas, demandas, etc.

Lo publicaba Francisco Mariano Nifo, un activísimo polígrafo ilustrado de curiosidad enciclopédica al que se puede llamar el primer periodista profesional de la literatura española y que llegó a publicar casi un centenar de obras, veinte de ellas de carácter periódico. Desde 1788 pasó a llamarse Diario de Madrid.

Hubo también una cierta prensa especializada, la económica, ya que las ideas ilustradas defendían las reformas en este campo El Semanario Económico (1765 – 1766) difundía los adelantos técnicos para la mejora de la industria y diversos textos económicos. Por otra parte, se difundió mucho la prensa literaria, entre la que destacaba El Diario de los Literatos, dedicado a la crítica literaria de los libros que se publicaban y El Pensador, cuyo creador, el ilustrado José Clavijo y Fajardo, inició un tipo de periodismo costumbrista con temas típicamente españoles, como las tertulias y refrescos, los cortejos, la superstición, y el comportamiento en las iglesias. Trató el tema de la educación tanto de las mujeres como de los hombres y de la función y el comportamiento del maestro.

En 1786 nació El Correo de los Ciegos de Madrid, que desde 1787 se llamó Correo de Madrid, donde entre artículos de divulgación de la actualidad literaria, científica , técnica y económica aparecían los avanzados artículos de crítica social y de costumbres de “El militar ingenuo”, Manuel María Aguirre, ilustrado radical admirador de Juan Jacobo Rousseau, un crítico consumado de la sociedad estamental y de la superestructura política, según Antonio Elorza; ansía la división de poderes y la reestructuración de la sociedad y ataca la Oración apologética por España y su mérito literario de Juan Pablo Forner, criticando las instituciones y denunciando la injusticia, la desigualdad y la ignorancia. En sus páginas se publicaron por primera vez, de forma póstuma, las Cartas Marruecas de José Cadalso.

El más influyente de los periódicos (fue imitado por personajes de la talla de Manuel Rubín de Celis, Pedro Centeno y José Marchena) fue El Censor de los abogados Luís María García del Cañuelo (de carácter descontentadizo y agresivo) y Luis Marcelino Pereira (experto en temas económicos) (1781), de influencia enciclopedista, liberal, regalista y jansenista, que se atreve a cuestionar políticas y principios legislativos y religiosos; hace crítica social y profunda de las instituciones y cuestiona la estructura estamental de la sociedad; por eso tuvo que luchar constantemente para poder obtener licencia de impresión y luego contra la [[censura}} y la oposición del poder conservador, representado por el apologista oficial Juan Pablo Forner al que parodiaron en una Oración apologética por la África y su mérito literario; también publicó una falsa “Carta marrueca” de Cadalso y la utopía de los Ayparchontes; pese a todo llegó a los ocho tomos y 167 discursos, si bien sufrió tres interrupciones, y fue continuado por una serie de imitadores como El Corresponsal del Censor, El Observador de José Marchena influido por el utilitarismo de Jeremías Bentham, defensor del fisiocratismo y defensor del derecho natural o iusnaturalismo, así como igualmente enfrentado a los apologistas fornerianos.

En realidad, según José Miguel Caso González, El Censor encubría a un grupo de presión ilustrado bien configurado: los asiduos al círculo de la Condesa de Montijo: Melchor Gaspar Jovellanos, Juan Meléndez Valdés, Tavira, Vargas Ponce, Samaniego; ellos son los responsables de algunos de los discursos, especialmente Meléndez y Jovellanos; este último aparece con el sobrenombre de “Conde de las Claras”.

El Memorial Literario, en sus tres épocas desde 1784, mensual, de 123 páginas, es una revista literaria y científica dirigida por Manuel Ezquerra y Pedro Pablo Trullench, que tiene por fuente a los Reales Estudios de San Isidro y combina la defensa de lo nacional con la crítica constructiva, incluyendo interesantes novedades sobre ciencia. El Diario de las Musas de Luciano Comella y El Espíritu de los Mejores Diarios de Cristóbal Cladera; El Semanario Erudito de Pedro Valladares de Sotomayor y el Gabinete de Lectura Española de Isidoro Bosarte (que introducía cada número con un “prólogo”), ambos de 1787, son recopilaciones de textos clásicos antiguos como El Cajón de Sastre de Nifo.

La prensa del XVIII es un fenómeno fundamentalmente madrileño, andaluz, murciano, valenciano y zaragozano; las otras provincias apenas tienen algo que reseñar; extraña que Cataluña o el País Vasco sean tan pobres en prensa dieciochesca. El 24-II-1791 se prohíben todos los periódicos no oficiales por Real Resolución firmada por Floridablanca; eso provocó la protesta de los principales editores, que quedaban así arruinados y exigían airadamente compensación económica (pensión) o algún destino. Sólo quedaron los tres oficiales, la Gaceta de Madrid, El Mercurio y el Diario de Madrid. Dicha represión se suaviza en 1792, en que se permite la publicación de El Correo Mercantil, pero se mantuvo hasta 1795, y no volverá a florecer la prensa en términos comparables a la década de los ochenta hasta 1808, con la Guerra de Independencia.

El concepto de opinión pública deja de ser entendido en esta época en el sentido de ‘fama’ o ‘reputación’, para designar una actitud de crítica social por parte de la burguesía, que reclama más poder y representación política a través de las columnas de los diarios: la prensa y la opinión son un fenómeno claramente burgués.

Paul Guinard, en su La presse espagnole de 1737 à 1791. Formation et significaticon d’un genre, Paris: Institut d’Études Hispaniques, 1973, distingue cuatro tipos de prensa dieciochesca:

Presentativa: Persuaden del interés de la publicación de forma personalizada.

Informativa: Es la voz del Gobierno y en ese sentido ofrece una información sesgada o parcial: Gaceta de Madrid, Mercurio Histórico.

Didáctica: el género didáctico pretende educar al lector, de forma a veces pintoresca: cartas inventadas o convencionales, diálogos, viajes imaginarios, utopías ( la Monarquía columbina, el Viaje al país de los Ayparchontes, el Zenit, la Sinapia encontrada entre los papeles de Floridablanca), sueños alegóricos o satíricos y sobre todo discursos y ensayos: encadenamiento de reflexiones en torno a un tema central dando cabida a digresiones, anécdotas etc…

Polémica: participan de las controversias de su tiempo, utilizando a veces el mecanismo de la parodia, que intensifica el efecto cómico. Por ejemplo, la polémica de las apologías de España.

La prensa española en el siglo XIX

Durante el siglo XIX la didáctica, utilitaria y costumbrista prensa dieciochesca pasó a adquirir un definitivo tinte político. El papel de la prensa en la difusión de las ideas liberales fue decisivo, si bien tuvo que luchar a brazo partido con la censura que impusieron los últimos coletazos del Antiguo Régimen, corporeizado en la persona de Fernando VII, ya que tras la Revolución Francesa se produjo en toda Europa una reacción conservadora y se impuso de nuevo el absolutismo.

Hubo un brote de libertad de imprenta durante la Guerra de Independencia (1808-1814) ya que las Cortes de Cádiz reconocieron la libertad de imprenta en 1810, pero tal brote se truncó pronto con la reacción del Manifiesto de los Persas en 1814. La libertad de imprenta se restauró más tarde gracias al golpe de Riego, que inauguró el Trienio liberal (1820-1823), pero este resurgimiento fue también cortado de raíz por la irrupción de la Santa Alianza con el ejército denominado los Cien mil hijos de San Luís en 1823. Pese a todo, en el exilio o bajo la censura, la prensa creó una opinión pública e hizo desarrollarse poco a poco las instituciones burguesas democráticas no sólo en Europa (revoluciones de 1830 y 1848), sino en España (la ya mentada de 1812 y la de 1868).

Tras el triunfo del liberalismo, todos los países occidentales reconocieron (hacia 1881) la libertad de expresión y dictaron leyes de prensa. Por otra parte, la tecnología creó nuevos cauces de distribución y los perfeccionamientos de la imprenta posibilitaron ediciones más amplias, más baratas y más vistas, ilustradas con hermosos grabados. Por otra parte, la extensión de la lectura entre las clases bajas gracias a la enseñanza pública, una de las conquistas de las revoluciones burguesas, y el ya citado abaratamiento de la prensa posibilitaron que la prensa se extendiera a las clases bajas de la sociedad, configurando un modelo de prensa denominada prensa de masas.

La Guerra de la Independencia creó una gran demanda informativa. El gobierno provisional, reunido en Cádiz, decretó en 1810 la libertad de prensa.

Los ciudadanos querían saber qué ocurría en las sesiones de las Cortes… ; todo ello provocó la multiplicación de las publicaciones periódicas de variopinta tendencia: periódicos liberales como el Semanario Patriótico de Manuel José Quintana, El Conciso de G. Ogirando o El Robespierre Español de Pedro Pascasio Fernández Sardino; anticonstitucionalistas como El Censor General e incluso afrancesados como La Gaceta de Sevilla, El Diario de Barcelona o El Diario de Valencia, redactado durante un tiempo por Pedro Estala.

Con el regreso de Fernando VII y la reacción del Manifiesto de los Persas se volvió a interrumpir toda la actividad periodística: El 25 de abril de 1815 prohibió cualquier publicación no oficial. A partir de entonces se suceden alternativamente las etapas de represión y libertad de imprenta coincidiendo con los periodos absolutistas y liberales respectivamente.

Durante el breve paréntesis del Trienio liberal, surgen periódicos políticos revolucionarios exaltados como El Zurriago o La Tercerola , ambos editados y parcialmente escritos por Félix Mejía, al lado de periódicos controlados por moderados como la Miscelánea de Comercio, Artes y Literatura de Javier de Burgos, El Espectador, El Universal o por afrancesados como José Mamerto Gómez Hermosilla, Sebastián de Miñano y Alberto Lista, que redactaron la que es seguramente la publicación más intelectual y densa del periodo, El Censor.

En 1834, tras la muerte de Fernando VII, regresan a España los liberales expulsados en 1823. Estos exilados no sólo traen las ideas románticas, sino las nuevas formas de hacer periodismo de los ingleses: los periódicos anteriores a 1835 apenas incluían informaciones. Trataban temas políticos o científicos. Solían tener formato pequeño y manual, estaban escritos en una columna y su aspecto era bastante aburrido, pero a partir de esta fecha surgen otros más parecidos a los actuales.

Desde 1868 siguen existiendo periódicos de opinión, defensores de un partido o líder político, pero se desarrolla una prensa informativa que es la que más éxito tiene entre los lectores y la que alcanza mayores tiradas. El aspecto externo de estos periódicos es más ameno. Su contenido ya no se limita a temas políticos, sino que aparecen nuevas secciones de crítica literaria, pasatiempos, anécdotas y humor. Dedican más espacio a la publicidad e insertan folletines, (novelas por capítulos) que gozaban de gran aceptación entre las clases bajas, la llamada novela por entregas o folletín.

Tras la revolución de 1868 ( la Gloriosa ), la Constitución de 1869 reconoce la libertad de prensa y surgen numerosos periódicos y revistas. En 1883, la Ley de imprenta establecida por el gobierno liberal de Mateo Práxedes Sagasta favorece también las publicaciones periódicas.

Si bien la mayoría de la población era analfabeta y las tiradas son muy pequeñas (nunca sobrepasan los 15000 ejemplares) tienen una amplia difusión debido a la tradición de la lectura en voz alta, la existencia de gabinetes de lectura y la costumbre de leer los diarios en los cafés, ateneos y tertulias.

En Madrid y en las capitales de provincias fue creándose un público lector más amplio a medida que se extendió la educación. A partir de 1868 se desarrolla la prensa femenina. Tras el triunfo de la Gloriosa se abren escuelas para instruir a las clases más bajas y aparecen los primeros periódicos obreros.

A partir de 1880 surgen nuevos medios cuantitativa y cualitativamente distintos a los del S.XIX que constituyen el origen de la información propia del siglo XX. En torno a esta fecha los distintos países occidentales dictan leyes de prensa burguesas en las que se reconoce la libertad de expresión y organizan su estructura informativa en torno a las agencias nacionales de noticias que mantienen estrechas relaciones con los gobiernos y surten de información a los periódicos. Bajo ese predominio de las agencias, todos los medios atienden a los mismos temas.

El nacimiento de las agencias de noticias provocó algunos cambios en la información: el establecimiento de la red telegráfica mundial dio como resultado la ubicuidad informativa y la tendencia a la uniformidad propia de la información del S.XX, y la prensa ganó en objetividad.

Se desarrolla entonces (en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX) la llamada prensa de masas en EE.UU y algunos países de Europa: aumentan espectacularmente su tirada, incluyen muchas páginas de publicidad, se establecen en grandes edificios y obtienen unos beneficios insospechados hasta entonces, abandonan las viejas fórmulas y se atribuyen nuevas funciones en la sociedad del siglo XX: son bienes de uso y consumo, se venden a bajo precio y ofrecen a sus lectores un producto atractivo y bien acabado.

Su presencia reiterada en la sociedad los convierte en instrumentos de gran influencia y ese exceso de poder les va a permitir provocar manipulaciones de todo tipo. Surge en este contexto la prensa amarilla. En contraposición, se desarrolló también una prensa muy documentada y seria para élites, que representaban en España El Imparcial (1867) y El Liberal.

La Correspondencia de España (1848) se define como independiente, a la vez que El Imparcial (1867) cuyo suplemento literario, Los lunes del Imparcial, publicó desde 1879 hasta 1906, bajo la dirección de José Ortega Munilla obras de los autores más importantes de la época: José Zorrilla, Juan Valera, Ramón de Campoamor, Emilia Pardo Bazán, Rubén Darío… Los lunes del Imparcial “lanzó al estrellato” a los autores más importantes del Regeneracionismo y la Generación del 98: Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Ramón María del Valle-Inclán…

La prensa española en el siglo XX

La Vanguardia (De 1881 hasta la actualidad) fue un periódico catalán creado en 1881 por los hermanos Godó. ABC empezó siendo un semanario fundado por Torcuato Luca de Tena en 1903 y en 1905 se hizo diario. Tenía formato de revista, incluida una grapa, e ideología monárquica y conservadora.

El Debate defendía ideas católicas; creado en 1910, duró hasta el comienzo de la guerra. Era un periódico de calidad con preocupaciones políticas, religiosas y culturales. En su seno nació la primera escuela de periodismo. El Sol fue fundado en 1917 por Nicolás María de Urgoiti.

José Ortega y Gasset actuaba como principal inspirador intelectual y en él colaboraron, entre otros, Mariano de Cavia y Salvador de Madariaga. El Sol quería renovar la situación política y social del país.

Son periódicos de empresa, que buscan ante todo la rentabilidad económica y utilizan la publicidad como principal medio de financiación; pueden considerarse prensa de masas por contenidos y objetivos, pero no alcanzaron las grandes tiradas que caracterizaron a los diarios extranjeros por falta de un amplio público lector: España era todavía un país escasamente urbanizado, con elevados índices de analfabetismo.

Pero desde 1910 nuestros periódicos están preparados para convertirse en periódicos de masas, se utiliza ya un lenguaje menos envarado y más ágil y se detecta cierta renovación léxica y estilística; la diagramación es más atractiva y aparecen fotografías; sus contenidos reflejan los gustos de la cultura de masas: entretenimientos públicos (fútbol, toros, teatro…), actos políticos, referencias a otros medios (prensa y cine), sección de cartelera, etc. Aparecen también páginas especiales o suplementos de economía, espectáculos, arte, deporte, agricultura, mujer y niños.

Por otra parte, el impacto de la guerra europea potenció el interés por los temas extranjeros y los periódicos españoles se dividieron entre aliadófilos y germanófilos.

En el periodo de entreguerras surgieron totalitarismos en distintos países occidentales (nazismo alemán, fascismo italiano, comunismo ruso etc.) Se establecieron dos modelos de información diferentes, el de estos Estados totalitarios, fundado en la propaganda como uno de los medios fundamentales para controlar a las masas a través de información sesgada y el control absoluto de todos los medios de comunicación, y el de las vacilantes democracias liberales como Inglaterra, donde se reconocía la libertad de expresión.

Debido a la competencia de los nuevos medios como el cine, la radio y la televisión, se desarrolló el fotoperiodismo. La imagen fotográfica ya no era un mero adorno, sino un lenguaje alternativo. Los medios se utilizaron como válvulas de escape de la realidad circundante: ofrecían un 90% de entretenimiento y un 10 % de información amena y pretendían alejar al lector de sus problemas diarios.

Durante la Guerra civil, tanto en la zona republicana como en la nacional se instituyeron organismos oficiales dedicados exclusivamente a la propaganda (El ministerio de propaganda en la zona republicana y la Delegación de prensa y propaganda en la nacional).

Los vencedores aprendieron de la guerra que los medios debían cumplir una función social de servicio público. Se desarrolló entonces la teoría de la responsabilidad social de los medios. Desde 1945 a 1970 se vive una etapa de expansión económica que repercute en el desarrollo del sector informativo.

Los Estados defienden la libertad de expresión y, al mismo tiempo, establecen normas de control de los medios. Paralelamente, se convierten en dueño de diarios, emisoras de radio y cadenas de televisión públicas. El negocio informativo crece y las empresas de información aumentan su poder.

Esto favorece la concentración de los medios (cada vez menos empresas son dueñas de más medios), a pesar del control de los Estados que promulgan leyes antimonopolio.

En el año 70 se inicia una crisis que da entrada a la sociedad de información en la que estamos inmersos. El desarrollo de las nuevas tecnologías afecta a todos los medios de comunicación. Hay un claro predominio de las agencias y cadenas de televisión americanas. Muchos Estados que mantenían medios públicos los privatizan dejándolos en manos de grandes grupos empresariales (PRISA, Zeta, Grupo Correo, Prensa Española, Godó).

En España, tras la transición democrática, la prensa experimenta un importante auge con la aparición de publicaciones de todo tipo. Además de periódicos con historia, como el ABC o La Vanguardia , aparecen otros nuevos como El País o El Mundo que se convierten enseguida en sólidas empresas de comunicación y grupos de poder. Sin embargo, la prensa ha entrado últimamente en decadencia a causa de dos elementos: la generalización de Internet y de la prensa electrónica, así como de medios de información alternativos como los blogs y, en segundo lugar, la generalización de una prensa alternativa y gratuita, distribuida en la calle y no en los lugares habituales como quioscos.

La prensa pierde cada vez más lectores, se sensacionaliza y lucha ofreciendo promociones para evitar una crisis imparable; ante un entorno visual y una educación cada vez más degradada ya no vale uno de los principales atractivos que tenía la prensa antes del nacimiento de Internet: la nómina de grandes escritores de nuestra época que han sido o son redactores y colaboradores de periódicos, como Antonio Gala, Francisco Umbral, Miguel Delibes, Gabriel García Márquez, etc.

Fuente: Wikipedia