Ibn Battuta

Abu Abdullah Muhammad Ibn Battuta (24 de febrero de 1304 – 1377) fue un bereber de Marruecos, viajero y explorador. Su nombre se escribe también como ibn Batuta.

Por instigación del Sultán de Marruecos, Ibn Battuta dictó un relato de sus viajes a un estudioso llamado Ibn Juzayy, a quien había encontrado mientras estaba en la Península ibérica. Mientras que obviamente es ficticio en algunos lugares, el Rihla (traducido sin exactitud como “Mis viajes”) aún da el relato más completo que existe de algunas partes del mundo en el siglo XIV.

Casi todo lo que se conoce de la vida de Ibn Battuta viene de una fuente — el mismo Ibn Battuta. En algunos puntos, las cosas que pretende que vio o que hizo son probablemente fantásticas, pero en muchos otros no hay modo de saber si está informando o contando historias. El relato siguiente asume lo primero donde no es obviamente lo último.

Nacido en Tánger, Marruecos en algún momento entre 1304 y 1307, a la edad de aproximadamente veinte años, Ibn Battuta fue en peregrinación a la Meca. Una vez hecho esto, sin embargo, continuó viajando, cubriendo con el tiempo más de 120.000 kilómetros por lo largo y ancho del mundo musulmán.

Su viaje a la Meca fue por tierra, y siguió la costa norte de África hasta que alcanzó El Cairo. En este punto estaba en territorio mameluco, que era relativamente seguro, y se embarcó en el primero de sus rodeos.

Existían tres rutas comunmente usadas a la Meca e Ibn Battuta escogió la menos frecuentada: un viaje río arriba del Nilo, y luego al este por tierra al puerto del Mar rojo de ‘Aydhad. Sin embargo, según se acercaba a esa ciudad, se vio obligado a volverse debido a una rebelión local.

De vuelta a El Cairo inició un nuevo rodeo, a Damasco, (controlado entonces también por los mamelucos), al haber encontrado un hombre santo durante su primer viaje que profetizó que Ibn Battuta sólo alcanzaría la Meca tras un viaje por Siria. Una ventaja adicional del rodeo fue que otros lugares santos estaban a lo largo de la ruta — Hebrón, Jerusalén y Belén, por ejemplo — y las autoridades mamelucas hacían un especial esfuerzo en mantener el viaje a Jerusalén seguro para los peregrinos.

Tras pasar el ramadán en Damasco, Ibn Battuta siguió con un viaje caravanero las 800 millas desde Damasco a Medina, lugar de enterramiento de Muhammad (Mahoma). Tras cuatro días, siguió viaje a la Meca.

Allí cumplió los ritos habituales de un peregrino musulmán, y habiendo adquirido el grado de al-Hajji como resultado, afrontaba ahora su retorno a casa. Tras reflexionar, decidió en cambio continuar viajando. Su próximo destino era el Il-Khanato, en la actualidad Iraq e Irán.

Una vez más, asociado a una caravana, cruzó la frontera a Mesopotamia y visitó al-Najaf, el lugar de enterramiento del cuarto califa Alí. Desde allí viajó a Basora, luego Isfahan, que sólo unas décadas atrás había sido casi destruida por Timur. Los siguientes sitios fueron Shiraz y Baghdad, el último de los cuales estaba en malas condiciones tras ser saqueado por Hulagu Khan.

Allí encontró a Abu Sa’id, el último gobernante del Il-Khanato unificado. Ibn Battuta viajó con la caravana real por un tiempo, luego giró al norte a Tabriz en la Ruta de la Seda. La principal ciudad en la región en abrir sus puertas a los mongoles, había llegado a ser un importante centro comercial tras de que la mayoría de sus rivales más cercanos fueran arrasados.

Después de este viaje, Ibn Battuta regresó a la Meca para un segundo hajj, y vivió allí durante un año antes de embarcarse en un segundo gran viaje, esta vez hasta el Mar Rojo y la costa esta africana.

Su primera parada importante fue Adén, donde su intención era hacer fortuna como comerciante de los bienes que fluian a la Península arábiga desde todo el Océano Índico. Antes de hacerlo, sin embargo, se determinó a tener una última aventura y se apuntó a un viaje siguiendo la costa de África.

Pasando alrededor de una semana en cada uno de sus destinos, visitó Etiopía, Mogadiscio, Mombasa, Zanzíbar y Kilwa, entre otros. Con el cambio del monzón, él y el barco en que estaba embarcado volvieron al sur de Arabia. Habiendo completado su aventura antes de establecerse, inmediatamente decidió ir a visitar Omán y los Estrechos de Ormuz. Hecho esto, viajó a la Meca otra vez.

Tras pasar un año allí, se decidió a buscar empleo con el Sultán de Delhi. Necesitando un guía y traductor si iba a viajar allí, fue a Anatolia, entonces bajo el control de los turcos selyúcidas, para unirse a una de las caravanas que iban desde allí hasta la India.

Un viaje por mar desde Damasco en un barco genovés lo llevó hasta Alanya en la costa sur de la Turquía moderna. Desde allí viajó por tierra a Konya y después a Sinope en la costa del Mar Negro.

Cruzando el Mar Negro, Ibn Battuta tomó tierra en Kaffa, en Crimea, y entró en las tierras de la Horda de Oro. Allí compró un carro y de manera fortuita se unió a la caravana de Ozbeg, el Khan de la Horda de Oro, en un viaje hasta Astrakhan en el río Volga.

Tras alcanzar Astrakhan, el Khan permitió a una de sus esposas embarazadas volver a dar a luz en su ciudad de origen — Constantinopla. No es quizá una sorpresa para el lector que Ibn Battuta persuadiera a alguien para poder viajar en esa expedición, la primera de las suyas más allá de los límites del mundo islámico.

Tras llegar allí hacia el final del 1332, encontró al emperador Andrónico III y vio el exterior de Santa Sofía. Después de un mes en la ciudad, volvió sobre su ruta hacia Astrakhan, continuó más allá del Mar Caspio y el Mar de Aral a Bujara y Samarcanda. Desde allí viajó hacia el sur hasta Afganistán, cuyos pasos de montaña usó para cruzar a la India.

El Sultanato de Delhi era una adición relativamente nueva a Dar al-Islam (la tierra del Islam), y el sultán había decidido traer tantos estudiosos musulmanes como fuera posible para consolidar su dominio. Con la fuerza de sus años de estudio mientras estaba en la Meca , Ibn Battuta fue empleado como qadi (“juez”) por el Sultán Muhammad Tuguluq.

El Sultán era errático incluso para los niveles de su época e Ibn Battuta pasó de vivir la cómoda vida de un subordinado de confianza a estar bajo sospecha por una variedad de razones.

Con el tiempo se decidió a irse con el pretexto de hacer otra peregrinación a la Meca , pero el Sultán le ofreció la alternativa de ir como embajador a China. Dada la oportunidad tanto de alejarse del sultán como de visitar nuevas tierras, Ibn Battuta la tomó.

En ruta hacia la costa, él y su grupo fueron atacados por rebeldes hindúes y separado de los otros le robaron y casi perdió su vida. No obstante, logró alcanzar a su grupo en dos días y continuó su viaje a Cambay.

Desde allí navegaron a Calicut. Pero, mientras Ibn Battuta visitaba una mezquita en la costa, se desencadenó una tormenta y dos de los barcos de su expedición resultaron hundidos. El tercero, entonces, partió sin él y terminó requisado por un rey local en Sumatra unos meses más tarde.

Temeroso de volver a Delhi como fracasado, permaneció un tiempo en el sur bajo la protección de Jamal al-Din, pero cuando este hombre justo fue derrocado, se hizo necesario para Ibn Battuta abandonar completamente la India. Se decidió a continuar hacia China con un desvío a las Maldivas cerca del comenzó del viaje.

El las Maldivas pasó nueve meses, mucho más de lo que se proponía. Como Gandi sus habilidades eran muy deseables en las anteriores islas y fue medio sobornado medio secuestrado para quedarse.

Nombrado juez en jefe y casado dentro de la familia real, se llegó a ver embrollado en la política local, y terminó por marcharse tras agotar su buen recibimiento (wearing out his welcome) al imponer juicios estrictos en el reino isleño, habituado al “laissez-faire”. Desde allí, continuó a Ceilán para visitar el Pico de Adán.

Al empezar a navegar desde Ceilán, su barco casi se hundió en medio de una tormenta, luego el barco que lo rescató fue atacado por piratas. Desembarcado en la costa, Ibn Battuta una vez más rehizo su camino de vuelta a Calicut, desde donde navegó a las Maldivas de nuevo antes de embarcar en un junco chino y tratar otra vez de alcanzar China.

Esta vez tuvo éxito, alcanzando en rápida sucesión Chittagong, Sumatra, Vietnam, y finalmente Quanzhou en la provincia de Fujian, China. Desde allí fue al norte hasta Hangzhou, no lejos de la moderna Shanghai. También pretendió haber viajado incluso más al norte, a través del Gran Canal a Beijing (Pekín), pero se cree que es uno de sus cuentos, no un hecho real.

De vuelta a Quanzhou, Ibn Battuta decidió volver a casa — aunque dónde exactamente fuera “su casa” era un pequeño problema. Volviendo a Calicut una vez más consideró acogerse a la piedad de Muhammed Tuguluq, pero lo pensó mejor y decidió seguir a la Meca otra vez. Volviendo vía Ormuz y el Il-Khanato vio que el estado se disolvía entre la guerra civil, habiendo muerto Abu Sa’id desde su anterior viaje allí.

Volviendo a Damasco con la intención de trazar otra vez la ruta de su primer hajj, supo que su padre había muerto. La muerte fue el tema del año siguiente porque la Peste negra había comenzado, e Ibn Battuta estaba a su alcance según se extendía por Siria, Palestina y Arabia.

Tras llegar a la Meca , decidió volver a Marruecos, casi un cuarto de siglo después de salir de allí. Durante el viaje hizo su útimo desvío hasta Cerdeña, luego volvió a Tánger para descubrir que su madre también había muerto, pocos meses antes.

Habiéndose establecido en Tánger por unos pocos años, Ibn Battuta comienza un viaje a al-Andalus — España musulmana. Alfonso XI de Castilla amenazaba con conquistar Gibraltar, e Ibn Battuta se unió con un grupo de musulmanes que salían de Tánger con la intención de defender el puerto.

Por la época en que llegó, la Peste negra había matado a Alfonso y la amenaza había retrocedido, así que Ibn Battuta decidió visitar por placer. Viajó por Valencia y terminó en Granada.

Al dejar España decidió viajar por una de las pocas partes del mundo musulmán que nunca había explorado: Marruecos. En su vuelta a casa se detuvo un poco en Marrakesh, que era casi una ciudad fantasma tras la reciente epidemia y el cambio de la capital a Fez.

Una vez más retornó a Tánger, y una vez más siguió viajando. Dos años antes de su primer viaje a El Cairo, el rey del Imperio de Mali, Mansa Musa había pasado por la misma ciudad en su propio hajj y había causado sensación con sus extravagantes riquezas — algo así como la mitad del suministro mundial de oro en ese tiempo venía de África Occidental.

Mientras Ibn Battuta nunca menciona esto específicamente, el oír eso durante su propio viaje debió haber plantado una semilla en su mente, porque decidió partir y visitar el reino musulmán en el extremo lejano del Desierto del Sahara.

Al término de 1351, Ibn Battuta partió de Fez, alcanzando la última localidad marroquí (Sijilmasa) poco más de una semana después. Cuando las caravanas de invierno comenzaron pocos meses más tarde, él estaba con una, y en un mes estaba en la localidad de Taghaza, en el Sahara Central. Un centro del comercio de sal, Taghaza estaba inundada de sal y oro de Mali, aunque Ibn Battuta no tuvo una favorable impresión del lugar. Otros 800 km a través de la peor parte del desierto lo llevó a Mali, en particular, la localidad de Walata.

Desde allí viajó al suroeste a lo largo de un río que el creía ser el Nilo (pero que era, de hecho, el Río Níger hasta que alcanzó la capital de Imperio de Mali.

Allí encontró a Mansa Sulayman, rey desde 1341. Dudoso sobre la miserable hospitalidad del rey, permaneció sin embargo durante ocho meses antes de volverse hasta el Níger hacia Timbuktú. Aunque en los siguientes dos siglos llegaría a ser la ciudad más importante de la región, en la época era pequeña e insignificante, e Ibn Battuta pronto siguió adelante.

algún sitio de su viaje a través del desierto recibió un mensaje del Sultán de Marruecos ordenándole volver a casa. Así lo hizo, y esta vez se quedó.

Tras la publicación de la Rihla , se conoce poco de la vida de Ibn Battuta. Podría haber sido nombrado Gandi en Marruecos. Ibn Battuta murió en Marruecos en algún momento entre 1368 y 1377.

Durante siglos su libro fue desconocido, incluso dentro del mundo musulmán, pero en el siglo XIX fue redescubierto y traducido a varios idiomas europeos. Desde entonces Ibn Battuta ha aumentado su fama y es ahora una figura bien conocida en el Oriente Medio.

Fuente: Wikipedia