Algunas cuestiones actuales de Escatología

Contenido: Introducción, La resurrección de Cristo y la nuestra, La parusìa de Cristo, nuestra resurrección, La comunión con Cristo inmediatamente después de la muerte según el Nuevo Testamento, La realidad de la resurrección en el contexto teológico actual, El hombre llamado a la resurrección, La muerte cristiana, El «consorcio vital» de todos los miembros de la Iglesia en Cristo, Purificación del alma para el encuentro con Cristo glorioso, Irrepetibilidad y unicidad de la vida humana. Los problemas de la reencarnación, La grandeza del designio divino y la seriedad de la vida humana, La ley de la oración-la ley de la fe, Conclusión. Visitar

Extracto

Sin la afirmación de la resurrección de Cristo la fe cristiana se hace vacía (cf. 1 Cor 15, 14). Pero al haber una conexión íntima entre el hecho de la resurrección de Cristo y la esperanza de nuestra futura resurrección (cf. 1 Cor 15, 12), Cristo resucitado constituye también el fundamento de nuestra esperanza, que se abre más allá de los límites de esta vida terrestre. Pues «si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más dignos de compasión de todos los hombres» (1 Cor 15, 19). Sin tal esperanza sería imposible llevar adelante una vida cristiana.

Esta conexión entre la firme esperanza de la vida futura y la posibilidad de responder a las exigencias de la vida cristiana se percibía con claridad ya en la Iglesia primitiva. Ya entonces se recordaba que los Apóstoles habían obtenido la gloria por los padecimientos(488); y también aquellos que eran conducidos al martirio, encontraban fortaleza en la esperanza de alcanzar a Cristo por la muerte, y en la esperanza de la propia resurrección futura(489). Los santos hasta nuestros tiempos, movidos por esta esperanza o apoyados en ella, dieron la vida por el martirio o la entregaron al servicio de Cristo y de los hermanos. Ellos ofrecen un testimonio, mirando al cual los demás cristianos en su camino hacia Cristo se hacen más fuertes. Tal esperanza levanta el corazón de los cristianos a las cosas celestes, sin separarlos de cumplir también las obligaciones de este mundo, porque «la espera […] de una nueva tierra no debe debilitar, sino más bien alentar, la solicitud por perfeccionar esta tierra»(490).