Redacción de Textos

Contenido: Breves consideraciones sobre la redacción, Algunas razones de peso para mejorar la redacción, Proceso lógico en la redacción de un libro, Partes principales en la redacción de un libro,Formalidades en la redacción del trabajo intelectual. Visitar

Extracto

SERPROF es consciente de que quien ahora mismo le está leyendo precisa su colaboración y le gustaría, dentro de la brevedad de unas líneas, demostrar en qué consiste el arte de escribir; descomponer los procedimientos del estilo; exponer técnicamente el arte de la composición; proporcionar medios para aumentar y extender sus propias disposiciones, es decir, duplicar o triplicar su talento para que usted, amigo lector, recibiera en una receta un medicamento urgente de salvación que, en píldoras, le hiciera ingerir todos los recursos literarios habidos y por haber.

Algo imposible donde prestigiosos autores lingüistas han puesto su mayor empeño e interés sin conseguirlo. Y ello, porque decirle a uno cómo tiene que excavar en su cerebro para tener algo que decir y decirlo, no es posible, por razones fácilmente deducibles. Diferentes es, que, teniendo algo para decir, indiquemos cómo debe decirse distinguiendo entre quienes tiene como miras distraer al lector y quienes investigan, instruyen o educan, porque surgen dos estilos perfectamente diferenciados: “Literario” y “filosófico”.

Establecer claras diferencias entre ambos supondría disertar largo y tendido. Nos limitaremos a afirmar que el pensador no es un escritor, porque éste mira, piensa y repiensa las palabras que forman la sustancia de su trabajo, mientras que el filósofo escribe directamente sin detenerse en la belleza de la frase porque busca en la palabra el soporte de su pensamiento. El escritor expresa las cosas y se hace solidario de las expresiones escogidas entre muchas, mientras que el pensador nombra, define y se identifica con los pensamientos; no se queda en las palabras, descubre realidades no vistas antes por nadie.

Sea cual fuere el estilo del autor le serán de aplicación nuestras opiniones recordando, previamente, que el estilo del trabajo intelectual dará un matiz didáctico a la obra, sobrio, sencillo, claro, preciso y concreto; sin afectación y sumamente ordenado. El énfasis, la ironía, la hipérbole o la declamación son ajenos al trabajo intelectual, que es, donde por cuestiones de espacio, se centra nuestro disertar.

Considere el autor que su trabajo deberá ser un fiel reflejo de la realidad objetiva, en el que se dibuje cada palabra como el pintor en el lienzo, sin alarde de profundidad filosófica o de estilística exquisita.