Infierno

Contenido: Introducción, Concepto, Catolicismo, Islamismo, Religiones Antiguas, Religiones, Monoteístas, El judaísmo, La descripción de voltaire, Los griegos, El hades de los griegos, Mitología nórdica, El Islam, Juicio final, Teología cristiana, Catequesis. Visitar

Extracto

El infierno: ilustración 34ta. De Doré para la Divina comedia. El infierno es, de acuerdo con el catolicismo, el islamismo y las iglesias protestantes, un lugar de tormento para los condenados. La palabra infierno proviene del latín y significa ‘inferior’. Las religiones antiguas (paganas, para los cristianos) creían en la vida de ultratumba, pero no necesariamente en el infierno.

La idea de infierno como lugar de tormento aparece claramente formulada en los Evangelios. Para el cristianismo, quienes practican el mal sin arrepentirse sufrirán eternamente en el infierno tras su muerte o pagarán por sus pecados en el infierno antes del Juicio Final en el que deberá comparecer toda la humanidad presente y pasada.

En religiones monoteístas, el infierno es simplemente gobernado por demonios. En las religiones politeístas, las políticas del infierno pueden resultar tan complicadas como las políticas humanas.

El judaísmo, al menos inicialmente, creía en sheol, una existencia sombría a la cual todos eran enviados indiscriminadamente tras la muerte. El sheol pudo haber sido poco más que una metáfora poética de la muerte y no referirse a la vida después de la muerte. De cualquier manera, la vida después de la muerte era mucho menos importante en el judaísmo que en las iglesias cristianas.

Investigadores y ensayistas coinciden en señalar, especialmente desde el siglo XVIII, que la idea del mundo subterráneo como lugar de castigo no existía tan claramente marcada en las religiones antiguas o directamente era ignorada. En su Diccionario filosófico, Voltaire anota que egipcios y griegos enterraban a sus muertos y creían simplemente que sus almas quedaban con ellos en un lugar sombrío. «Los indios, mucho más antiguos, que habían inventado el ingenioso dogma de la metempsicosis (reencarnación), jamás creyeron que las almas estuvieran en el subterráneo», señala Voltaire. Y agrega: «Los japoneses, los corenos, los chinos, los pueblos de la vasta Tartaria oriental y occidental, ignoraron la filosofía del subterráneo».