Cuestiones selectas sobre Dios Redentor

Contenido: La condición humana y la realidad de la redención, La Redención bíblica: la posibilidad de libertad, Perspectivas históricas, Perspectivas sistemáticas. Visitar

Extracto

La situación actual

1. Una consideración adecuada de la teología de la redención hoy tiene que comenzar perfilando la auténtica doctrina cristiana sobre la redención y su relación con la condición humana, según la Iglesia ha propuesto esta doctrina en el decurso de su tradición.

2. La primera afirmación que es necesario hacer, es que la doctrina de la redención se refiere a lo que Dios ha realizado por nosotros en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, a saber, la remoción de los obstáculos que se interponían entre Dios y nosotros, y el ofrecimiento que nos hace, de participar en la vida de Dios. En otras palabras, la redención se refiere a Dios -como autor de nuestra redención- antes que a nosotros, y sólo porque es así, puede la redención verdaderamente significar liberación para nosotros y puede ser la Buena Noticia de la Salvación para todo tiempo y para todos los tiempos. Ello quiere decir que sólo porque la redención se refiere primariamente a la bondad gloriosa de Dios, más bien que a nuestra necesidad -aunque la redención atiende a esa necesidad-, es una realidad liberadora para nosotros. Si la redención, por el contrario, hubiera de ser juzgada o medida por la necesidad existencial de los seres humanos, ¿cómo podríamos soslayar la sospecha de haber simplemente creado un Dios Redentor a imagen de nuestra propia necesidad?

3. Hay aquí un paralelismo con lo que encontramos en la doctrina de la creación. Dios creó todas las cosas, y los seres humanos a su propia imagen, y halló que su creación era «muy buena» (Gén 1, 31). Todo esto precede al comienzo de nuestra propia historia en la que la actividad humana no resulta tan inequívocamente «buena» como la creación de Dios. Sin embargo, a pesar de ello, la enseñanza de la Iglesia, a lo largo de los siglos -apoyada en la Escritura- ha sido siempre que la imagen de Dios en la persona humana, aunque frecuentemente oscurecida y desfigurada en la historia como resultado del pecado original y de sus efectos, nunca ha sido completamente desarraigada o destruida.

La Iglesia cree que los seres humanos pecadores no han sido abandonados por Dios, sino que más bien Dios, en su amor redentor, pretende un destino de gloria para el género humano, e incluso para todo el orden creado, el cual está ya germinalmente presente en la Iglesia y por la Iglesia.

Desde la perspectiva cristiana, tales consideraciones subyacen y dan apoyo a la creencia de que la vida aquí y ahora es digna de ser vivida. Sin embargo, un llamamiento genérico a «afirmar la vida» o «a decir “sí” a la vida», aunque es sin duda importante desde este punto de vista y es siempre bienvenido, no agota el misterio de la redención, tal como la Iglesia intenta vivirlo.