Concilios Ecuménicos

Contenido: Introducción, Los Concilios Ecuménicos., Los Concilios, Las características del Concilio Vaticano II, La autoridad: un servicio, Los nueve decretos, Las tres declaraciones, La libertad religiosa, Los medios de comunicación social. Visitar

Extracto

Cuando el Papa quiere tomar una decisión que abarca a toda la cristiandad – proclamar un dogma, modificar la organización de la Iglesia o condenar una herejía -, puede convocar un Concilio.

Los obispos del mundo entero son llamados a Roma (o a la ciudad que el Pontífice haya escogido). Su presencia es obligatoria, salvo en caso de fuerza mayor. Los superiores de órdenes religiosas, los abades generales, los prelados nullius ( es decir, que no tienen jurisdicción en una diócesis propiamente dicha) y los cardenales son admitidos a participar en el Concilio o Sínodo ecuménico. Tienen voz deliberativa.

Otras personalidades son admitidas a participar en los trabajos del Concilio, y tienen voz consultiva. Son los representantes de obispos ausentes, los príncipes católicos o sus embajadores y ciertos clérigos o laicos convocados a títulos diversos.

A la apertura de los debates, todos los asistentes prestan juramento. Juran que permanecerán fieles a la Iglesia y a su jefe.
El texto del juramento fue redactado por el papa Gregorio VII en el año 1709.

El Santo Padre decide los temas que serán discutidos por el Concilio. Tiene el poder de interrumpir la sesión o detrasladarla a una fecha ulterior.

El trabajo está repartido en varias comisiones – las Congregaciones – antes de ser presentado a la discusión general.

En el reglamento mismo del Concilio se encuentra el ambiente de las asambleas de la Iglesia primitiva. Los votos son nominales y a la mayoría. Pero aunque el Papa reúna a su alrededor sólo una minoría, es siempre su punto de vista el que prevalece.