Votación preferencial

La segunda vuelta instantánea, también conocida por votación alternativa o votación preferencial (VP) (Instant-runoff voting) es un sistema electoral usado para elecciones de un candidato/a en donde en la papeleta la persona marca a quienes prefierien según el orden de preferencia de los votantes.

En una elección VP, si ningún candidato obtiene mayoría absoluta, se excluyen candidatos uno a uno: el candidato con menos votos es eliminado. Los votos realizados a los candidatos con menos votos son recontados para la siguiente elección, hasta que quede sólo un candidato que gane por mayoría de votos respecto de los demás.

El término votación por vueltas al instante se usa porque este sistema se asemeja a una serie de vueltas en que uno queda eliminado.

Éste sistema se considera Democrático y permite que gente pueda votar para un tercer partido en países que tengan un gobierno bipartidista.

Recuento Borda

El recuento Borda es un proceso electoral propuesto por el matemático francés Jean-Charles Borda en 1770.

Según la metodología, los candidatos son ordenados según las preferencias de cada elector; en el recuento, a cada posición de la ordenación le es atribuida una puntuación:

– 1 punto para el último clasificado,
– 2 puntos para el penúltimo,
– 3 para el antepenúltimo etc.

Este sistema lleva en consideración no sólo la primera opción de cada elector, sino las otras, de modo que no siempre el candidato colocado más veces en primer lugar es el vencedor.

Método Schulze

El método Schulze es un sistema de votación desarrollado en 1997 por Markus Schulze que selecciona a un ganador a partir de las preferencias de votantes. El método también puede usarse para crear una lista de ganadores.

Descripción del método

El método Schulze consiste en:

– Conocer el conjunto de Schwartz (el menor conjunto de candidatos que no es ganado por nadie fuera del conjunto). Si sólo hay un candidato en el conjunto, este es el ganador de Condorcet. Si hay varios miembros pero no hay derrotas entre ellos, entonces hay un empate normal entre ellos.

– En cualquier otro caso, eliminar la derrota más suave en el conjunto de Schwartz (es decir, aquella ganada por el menor margen). Recalcular el nuevo conjunto de Schwartz y repetir el proceso.

Tautología

Tautología, repetición de una misma idea o pensamiento en formas diferentes, que no añade nada al conocimiento y lo único que expresa es una identidad vacía.

Es otras palabras, una tautología no aporta ninguna información, no dice nada. Es una explicación o definición aparente que emplea términos diferentes para decir lo mismo.

En lógica, una proposición tautológica es aquélla en la que el predicado no hace sino repetir el sujeto. En la lógica simbólica moderna, una tautología es una expresión formalmente verdadera, cualquiera que sea el valor de verdad de los enunciados que la constituyen.

De hecho, las ciencias formales (como la lógica o las matemáticas) son consideradas tautológicas porque tratan de explicar lo que está ya contenido implícitamente en los axiomas de los que parten.

Falsabilidad

Karl Popper

Falsabilidad, concepto acuñado por el filósofo Karl Raimund Popper, que designa la posibilidad que tiene una teoría de ser desmentida, falseada o ‘falsada’ por un hecho determinado o por algún enunciado que pueda deducirse de esa teoría y no pueda ser verificable empleando dicha teoría.

En filosofía de la ciencia, se entiende por falsabilidad a la propiedad que se verifica si se sigue, deductivamente, por modus tollendo tollens (del latín, modo que negando niega), que la proposición universal es falsa cuando se consigue demostrar mediante la experiencia que un enunciado observable no es verdadero.

Dicho de otro modo, falsabilidad (refutabilidad) es la propiedad que tendrá una proposición universal si existe al menos un enunciado lógicamente posible que se deduzca de ella que pueda demostrarse falso mediante observación empírica. Si ni siquiera es posible imaginar un enunciado empíricamente comprobable que contradiga la proposición original, entonces tal proposición no será falsable.

Un ejemplo muy sencillo que nos ayuda a entenderlo. Para justificar la generalización “todos los cisnes son blancos”, según el método hipotético deductivo, tendríamos que buscar a todos los cisnes para comprobar que todos son blancos, algo imposible. En cambio con este método habría que hacer lo contrario, buscar un cisne de cualquier otro color, verde, negro etc…Así sólo nos hace falta buscar un cisne diferente para falsar esa hipótesis, algo más fácil.

En realidad, una teoría que no se encuentra abierta a la falsabilidad no puede ser considerada una teoría científica.

Vulgata

La Vulgata es una traducción de la Biblia al latín, realizada a finales del siglo IV (en el 382 d.C.) por Jerónimo de Estridón. Fue encargada por el papa Dámaso I dos años antes de su muerte (366-384). La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición para el pueblo) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que Jerónimo de Estridón dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.

En principio, san Jerónimo recurrió a la Septuaginta griega para realizar su traducción del Antiguo Testamento, incluyendo partes de los deuterocanónicos; más tarde consultó los textos hebreos originales. Elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos.

El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata. A petición del papa Dámaso I, en 382, Jerónimo se había encargado con anterioridad de una revisión del Nuevo Testamento. Corrigió de forma exhaustiva los Evangelios; pero los especialistas no se ponen de acuerdo acerca de si las ligeras verificaciones realizadas en el Nuevo Testamento son o no obra suya.

Durante los 12 siglos siguientes, el texto de la Vulgata fue transmitido cada vez con menor precisión. El Concilio de Trento reconoció la necesidad de un texto latino auténtico, y autorizó el examen de las versiones corruptas que habían perdurado. En 1546, se decretó que la Vulgata sería el único texto latino autorizado para la Biblia.

Esta revisión es el texto en latín básico que todavía utilizan los especialistas. Una moderna reelaboración del mismo, a instancias del papa Pablo VI como resultado del Concilio Vaticano II, fue completada en su mayor parte en 1977. Se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.

Diez Mandamientos

En la Biblia (escritura sagrada de judíos y cristianos), el profeta Moisés (aprox. 1250 a. C.) recibió directamente de manos de Yahveh, una lista de órdenes o mandamientos que los israelitas debían respetar, los Diez Mandamientos. El nombre decálogo, con que suelen designarse, procede de la fórmula griega δεκάλογος (dekalogos: ‘diez palabras’) con que se citan en la Septuaginta, la versión griega tradicional, tanto en el Éxodo 34:28, como en el Deuteronomio 10:4.

De acuerdo con dichas escrituras, Moisés subió al Monte Sinaí y permaneció en su cima cuarenta días y cuarenta noches, al cabo de los cuales DIOS le entrego escritos en dos tablas de piedra los Diez Mandamientos. Cuando bajaba del monte, vio al pueblo que estaba adorando un becerro de oro y enfurecido las rompió. Posteriormente, pidió a DIOS que perdonase al pueblo y sellase con ÉL un «convenio» (pacto o alianza). Entonces, ÉL SEÑOR ordenó a Moisés que tomara dos lajas de piedra, y en ellas quedaron escritos los Diez Mandamientos del pacto, reconveniendole que «no deben tolerar la desobediencia».

Por tradición, los mandamientos han sido enumerados de acuerdo con tres criterios. La mayoría de los cristianos protestantes y ortodoxos dividen y enumeran los mandamientos del siguiente modo: (1) prohibición de adorar a cualquier divinidad que no sea Dios; (2) prohibición de la idolatría; (3) prohibición de tomar el nombre de Dios en vano; (4) observancia del sábado; (5) honrar a los padres; (6) prohibición de matar; (7) prohibición del adulterio; (8) prohibición de robar; (9) prohibición de prestar falso testimonio; (10) prohibición de codiciar la propiedad o desear a la mujer del prójimo.

Los católicos y los luteranos siguen la división utilizada por san Agustín de Hipona (siglo IV). El prólogo y las dos primeras prohibiciones están combinados, y el último mandamiento se divide en dos prohibiciones: desear a la mujer del prójimo y codiciar los bienes ajenos. Por ello, la enumeración de los demás mandamientos difiere en un número. En la tradición católica, los mandamientos rezan así:

Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Dios en vano.
Santificarás las fiestas.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometerás actos impuros.
No robarás.
No dirás falso testimonio ni mentirás.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes ajenos.

En la tradición judía el prólogo es considerado el primer mandamiento, las dos primeras prohibiciones se conjuran como segundo mandamiento, y el resto sigue el mismo orden que las tradiciones protestante y ortodoxa.

En realidad, los Diez Mandamientos engloban los principios comunes para toda la humanidad. Los filósofos y teólogos escolásticos del medioevo, como santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, sostienen que todos los mandamientos son parte de la ley natural y, por consiguiente, aprehensibles para todos los seres racionales. Ambos alegaron que Dios reveló los mandamientos a Moisés para recordar a la humanidad sus obligaciones, olvidadas con facilidad por causa del pecado original. En realidad, se hacían eco de una idea similar expresada por los primeros padres de la Iglesia, como Tertuliano y Agustino, que manifestaron que los mandamientos ya habían sido grabados en el corazón humano antes de ser escritos sobre tablas de piedra.