Pecado original

Para varias de las religiones del tronco bíblico —entre ellas el judaísmo y el cristianismo— el pecado original es el pecado cometido por los primeros padres de la humanidad (Adán y Eva) al desobedecer el mandato divino de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal.

El pecado, cometido por tentación del demonio bajo la forma de una serpiente, dañó de manera perdurable la naturaleza humana de Adán y Eva, así como la de todos sus sucesores, y fue castigado con la expulsión de la humanidad del jardín del Edén y su sujeción a la muerte, la enfermedad y el trabajo.

La historia, narrada en el capítulo tercero del libro del Génesis), es común a las tres grandes religiones monoteístas; la interpretación de la naturaleza exacta del pecado cometido y del castigo impuesto, sin embargo, varía entre las distintas denominaciones religiosas.

Pecado original en el judaísmo

De acuerdo al texto bíblico del Génesis 1-3, tras haber sido creados Adán y Eva residían en el jardín del Edén en perfecta armonía con Dios; el único mandato al que debían acogerse era la abstención de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, cuyo consumo ocasionaría la muerte (Génesis, 2:17 (http://www.biblegateway.com/passage/?search=Genesis%202:15-17;&version=61;)).

Sin embargo, Eva —y por su intermediación Adán— cedieron a la tentación de la serpiente (identificada con Satán o Shaitan, “el tentador”) y descubrieron, comiendo del árbol, su desnudez.

El castigo impuesto por Dios por la violación de su mandato incluyó la muerte —”[volverás] a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”, Génesis 3:19— y la expulsión del jardín.

La tradición talmúdica identifica este acto como ???? ?????? (en hebreo haJet haKadmon, “la falta primordial”) de la desobediencia al mandato divino.

Sin embargo, los efectos del pecado se reducen a la expulsión del paraíso, con la necesidad aparejada del trabajo, la enfermedad y la muerte; la noción de que la naturaleza humana quedara íntimamente dañada por ello —es decir, que todos los descendientes de Adán y Eva nacieran pecadores— es ajena a la doctrina judía.

Las corrientes renovadoras dentro del judaísmo interpretan la caída como el primer acto de libre albedrío del hombre, y lo consideran como parte del plan divino, puesto que la falta representaría la admisión de la responsabilidad; en otras palabras, el mito de la caída sería una elaborada alegoría del pasaje a la adultez y la autonomía.

Pecado original en el cristianismo

La doctrina cristiana con respecto al pecado original se fijó en el concilio de Cartago, y se precisó posteriormente en Orange y Trento.

Los detalles de su forma actual probablemente procedan de la influencia de la doctrina maniquea en los escritos de san Agustín de Hipona, a través del cual la noción de una corrupción fundamental de la naturaleza humana hizo pie en la Iglesia.

Los escasos fragmentos de doctrina sobre el pecado original contenidos en los escritos de los Apóstoles no efectúan mayores precisiones sobre el texto del Génesis.

La teología escolástica distingue entre el pecado original originante (peccatum originale originans), el acto concreto de desobediencia cometido por Adán y Eva, y el pecado original originado (peccatum originale originatum), las consecuencias que el mismo provocaría sobre la constitución de la especie humana.

En virtud del peccatum originale originatum, no sólo se perderían los dones preternaturales de la inmortalidad y la exención del sufrimiento, sino que las capacidades del espíritu humano —tanto las morales como las intelectuales— carecerían de su vigor natural, sometiendo la voluntad a las pasiones y el intelecto al error.

De acuerdo a la doctrina fijada en el concilio de Trento, la condición de “naturaleza caída” (natura lapsa) se transmite a cada uno de los nacidos tras la expulsión del Edén.

En los concilios se estableció el pecado original como la razón del bautismo católico, ya que éste liberaría al bautizado de las culpas del género humano, de acuerdo con una interpretación lata de 1 Corintios 15:21 que contrapone el pecado de Adán con la pasión de Jesús.

La iglesia Católica y otras que practican el culto mariano excluyen, sin embargo, de las consecuencias del pecado original a la Virgen María , en virtud de una gracia especial de Dios.

Herejías relativas al pecado original

El pelagianismo, que rechaza la condición caída de la naturaleza humana como una corrupción maniquea de la doctrina cristiana, fue declarado herético en el concilio de Cartago; el primer partidario de esta doctrina del que se tienen noticias fue Teodoro de Mopsuestia, aunque su influencia fue mayor en la iglesia occidental a través de Pelagio y Celestio.

Según los pelagianos, la introducción del pecado por Adán se limita a proporcionar un mal ejemplo a sus descendientes, pero no hiere sus facultades.

El socinianismo, una rama protestante escindida del catolicismo tras la reforma, negaba, entre otros rasgos de la doctrina católica, la realidad de la natura lapsa.

Numerosas iglesias protestantes en la actualidad descartan la noción de la caída de la naturaleza, aunque mantienen la creencia en el pecado de desobediencia de Adán.

Interpretaciones racionalistas del pecado original

En vista de que el texto de Génesis 3:10 muestra la conciencia de la desnudez como evidencia de la comisión del pecado original, interpretaciones antropológicas o psicoanalíticas del texto bíblico sostienen que el pecado de Adán y Eva es una alegoría del acto sexual.

La naturaleza fálica de la serpiente, la mención del parto como castigo y la nominación de Eva como “madre” contribuyen a esta interpretación. La doctrina cristiana, sin embargo, la rechaza.

Fuente: Wikipedia