Postmodernismo

Escuela de la Bauhaus

La Ópera de SydneyEl término posmodernismo designa generalmente a un amplio número de movimientos artísticos, culturales y filosóficos del siglo XX, definidos en diverso grado y manera por su oposición o superación del modernismo.

Las distintas corrientes del movimiento posmoderno aparecieron a lo largo del tercio central del siglo XX. Histórica, ideológica y metodológicamente diversos, comparten sin embargo un parecido de familia centrado en la idea de que la renovación radical de las formas tradicionales en el arte, la cultura, el pensamiento y la vida social impulsada por el proyecto modernista fracasó en su intento de lograr la emancipación de la humanidad, y de que un proyecto semejante es imposible o inalcanzable en las condiciones actuales.

Frente al compromiso riguroso con la innovación, el progreso y la crítica de las vanguardias artísticas, intelectuales y sociales, al que considera una forma refinada de teología autoritaria, el posmodernismo defiende la hibridación, la cultura popular, el decentramiento de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes relatos.

El posmodernismo en sentido artístico abarca un gran número de corrientes desde los años 1950 hasta la actualidad; es difícil precisar en general los límites entre las realizaciones más arriesgadas del modernismo y las primeras obras posmodernas, aunque algunas artes —entre las que destaca la arquitectura— gozaron de un movimiento posmoderno programático y organizado desde muy temprano. Los rasgos más notables del arte posmoderno son la valoración de las formas industriales y populares, el debilitamiento de las barreras entre géneros y el uso deliberado e insistente de la intertextualidad, expresada frecuentemente mediante el collage o pastiche.

La identificación del posmodernismo en filosofía y cultura como una entidad distinta del modernismo, y el esclarecimiento de los vínculos entre ambos, es una cuestión aún abierta en la teoría contemporánea. La crítica de las nociones lineales de la historia ha llevado a sus partidarios a definir como posmodernos autores del siglo XIX —sobre todo Friedrich Wilhelm Nietzsche— y aún de la Antigüedad clásica —Protágoras, Gorgias, Isócrates y otros sofistas. Este artículo examinará brevemente los precursores, pero se concentrará en la producción teórica relacionada de manera más o menos directa con la crisis del estructuralismo en los años 1960.

Antecedentes del término

Si bien la acepción más usual del posmodernismo se popularizó a partir de la publicación de La Condición Posmoderna de Jean-François Lyotard en 1976, varios autores habían empleado el término con anterioridad.

El pintor inglés John Watkins Chapman designó como posmodernismo una corriente pictórica que intentaba superar las limitaciones expresivas del impresionismo sin recaer en el convencionalismo de la pintura académica; el término no se poularizó, prefiriéndose la designación de postimpresionismo sugerida por el crítico Roger Fry.

Aunque el posmodernismo en este sentido no guarda más que una relación muy lejana con el posmodernismo tal como se entiende habitualmente —coincidiendo por lo general, de hecho, con los principios teóricos y metodológicos del modernismo artístico— la relación de ambiguedad entre la superación y la conservación que dificulta la definición del mismo ya se hace aparente aquí. El uso que Arnold J. Toynbee haría del término para indicar la crisis del humanismo renacentista a partir de la década de 1870 está relacionado con este.

En 1934 el crítico literario Federico de Onís empleó por primera vez el posmodernismo como una reacción frente a la intensidad experimental de la poesía modernista o vanguardista, identificada sobre todo con la producción de la primera época de Rubén Darío; de Onís sugiere que los distintos movimientos de retorno o recuperación —de la sencillez lírica, de la tradición clásica, del prosaísmo sentimental, del naturalismo, de la tradición bucólica, etc.— son provocados por la dificultad de las vanguardias, que las aisla del público. Varios de estos rasgos reaparecerán en análisis posteriores, aunque la obra de de Onís no dejó huella directa en la tradición teórica.

El uso del término por Bernard Smith en 1945 para designar la crítica a la abstracción por parte del realismo soviético y por Charles Olson para indicar la poesía de Ezra Pound estaba a caballo entre las dos concepciones anteriores. Si bien subrayaba la ruptura con las tendencias del modernismo, se carecía de un armazón teórico que permitiese distinguir la producción de las vanguardias —en sí compleja y multiforme— de la de sus críticos de una manera decisiva.

Sólo a fines de la década de 1950, a partir de los trabajos de los críticos literarios Harry Levin, Irving Howe, Ihab Hassan, Leslie Fiedler y Frank Kermode, el término comenzó a utilizarse de una manera sistemática para designar la ruptura de los escritores de posguerra con los rasgos emancipatorios y vanguardistas del modernismo, concebido éste último como la exploración programática de la innovación, la experimentalidad, la autonomía crítica y la separación de lo cotidiano.

La concepción no estaba exenta de dificultades, y algunos autores a los que Levin y Howe —ambos intelectuales comprometidos y de izquierdas— criticaron, como Samuel Beckett, fueron simultaneamente percibidos por otros teóricos de la cultura —entre ellos Theodor Adorno, un modernista destacado en derecho propio— como la forma más refinada de modernismo. Sin embargo, lo central de esta noción —el posmodernismo como renuncia a la teleología emancipatoria de las vanguardias— sigue siendo considerado el rasgo más distintivo del posTmodernismo

Desarrollo del posmodernismo

Probablemente el primer desarrollo artístico deliberadamente postmoderno tuvo lugar en la arquitectura. Los arquitectos vanguardistas de la primera mitad del siglo XX — la Bauhaus de Mies van der Rohe y Walter Gropius, y sus sucesores del llamado movimiento internacional, [[Frank Lloyd Wright]], Alvar Aalto o Le Corbusier— habían buscado deliberadamente romper con sus obras la estructura del tejido urbano en el que se insertaban, prefiriendo enfatizar la funcionalidad, simplicidad y pureza de líneas del edificio. El compromiso con la renovación de las formas de vida en la evolución de la sociedad llevaba a los modernistas a intervenir radicalmente en el mismo concepto de la vivienda, famosamente definida por Le Corbusier como “máquina para vivir”, buscando el potencial emancipatorio de la arquitectura en la innovación.

El posmodernismo arquitectónico de los años 50 y 60 se resintió de estas intervenciones —algunas de las cuales habían tenido resultados desastrosos—, e intentó atemperar los rasgos de practicidad y las mejoras estructurales y de materiales del modernismo con el retorno a formas más convencionales y familiares. El estilo resultante —un collage de distintas tradiciones, pero sobre todo un compromiso con los gustos populares y con lo establecido que hubiera resultado inaceptable para los rigurosos modernistas— fue vigorosamente defendido contra la estrategia modernista, y produjo obras de mucho fuste, sobre todo en los Estados Unidos.

El rasgo fundamental de la ruptura no estuvo en la corrección de la frialdad y las deficiencias arquitectónicas de los edificios modernistas, sino en el rechazo absoluto de la posibilidad de producir una innovación verdaderamente radical.

El eje del pensamiento moderno —tanto en las artes como en las ciencias— había estado centrado en la idea de evolución o progreso, entendido como la reconstrucción de todos los ámbitos de la vida a partir de la sustitución de la tradición o convención por el examen radical no sólo del saber transmitido —como por ejemplo la forma sinfónica en música, el retrato de corte en pintura o la doctrina clásica del alma en antropología filosófica— sino también de las formas aceptadas de organizar y producir ese saber —como la tonalidad, la perspectiva o la primacía de la conciencia; la noción de discontinuidad había adquirido dignidad filosófica a través de la interpretación marxista y nietzcheana de la dialéctica de Hegel.

El posmodernismo desistió del proyecto de esta evolución; en sus formas más agudas filosóficamente, habría de intentar desmontar desde dentro el proyecto modernista al afirmar que la evolución total presuponía la constancia de su sujeto, el individuo autónomo.

El postmodernismo es un movimiento internacional que se dio a partir de la década de los ochenta y se extendió a todas las artes, ciencias sociales y filosofía. Particularmente presente en casi todas las manifestaciones culturales, desde las películas de Pedro Almodóvar a la arquitectura de Ricardo Bofill, desde la literatura de William Burroughs y John Fowles a la pintura de Guillermo Pérez Villalba, y desde la filosofía a la televisión.

Definiciones y críticas de postmodernidad según autores.

Jürgen Habermas: Desde el punto teórico-filosófico ha girado en torno a este autor. Para este autor, la posmodernidad en realidad se presenta como anti-modernidad. Él define a los posmodernistas como ‘jóvenes conservadores’ y dice que estos recuperan la experiencia básica de la modernidad estética; ‘reclaman como suyas las confesiones de algo que es subjetivo, liberado de las obligaciones del trabajo y la utilidad y con esta experiencia dan un paso fuera del mundo moderno. Este autor defendía el multiclturalismo, y que la humanidad debe tender hacia la modernidad.

Jean-François Lyotard: Este autor critica la sociedad actual postmoderna y dice que va más allá de lo estético, critica la desaparición de los relatos marxistas porque estamos determinados por factores económicos y hay ausencia de libertad que es lo que caracterizaba a este movimiento, criticaba los relatos idealistas, iluministas, el cristiano y el liberal así como la desaparición de los mandatos. La cultura posmoderna también se caracteriza por desconfiar en esos relatos y buscaban las verdades de esos relatos basándose en sus efectos prácticos. Defendía la pluralidad cultural y que la humanidad no ha de tender a la modernidad, lo contrario que Habermas.

Andreas Huyssen: Para este autor, existe una relación entre modernismo estético y el postestructuralismo (que es una variante de modernismo confiado en su rechazo de la representación y la realidad en su negación del sujeto, la historia, etc.) Este autor defiende que la cultura posmoderna debería ser captada en sus logros y sus pérdidas, en sus promesas y perversiones e intenta defender con sus obras (‘Dialecta Escondida’, ‘Guía de la Posmodernidad’. ..) que si las vanguardias intentaron cambiar el mundo, más lo hizo la tecnología, la industria cultural.

El surgimiento de la cultura posmoderna se debió a las nuevas tecnologías que se apoyan en el lenguaje: los medios de comunicación y la cultura de la imagen. Según Lyotard, las tecnologías comunicativas han producido una sociedad de la información.

Postmodernismo en las artes

En el Posmodernismo Literario se refuerza la credibilidad, la verosimilitud de la ficción, es decir, la ficción se hace más creíble. El movimiento se acercó a las formas populares como la novela policíaca, la ciencia ficción y los cuentos de hadas.

En la arquitectura se cambió el ‘International Style’ por un estilo que hacía referencia a algo concreto y no tan extremista como antes sino más con una postura intermedia, también menos serio y no tan formal, es decir, más paródico que estilos anteriores (desde el Neoclasicismo, que restauraba el gusto del Clasicismo, al Manierismo, otro movimiento caracterizado por la expresividad y la artificiosidad).

Lo moderno ha llegado a integrarse en la cultura internacional con gran importancia tanto en galerías de arte, museos como en programas de estudios académicos. Sin embargo, hoy en día está presente el debate modernidad-posmodernidad en un variado campo de la producción teórica.

Esto se debe a que como no hay un acuerdo entre los posmodernistas sobre el valor de lo moderno, como tampoco hay un acuerdo cultural sobre el valor del posmodernismo. El posmodernismo carece de la credibilidad propia de los artistas y de los movimientos modernos a principios de siglo, pero lo que sí se puede considerar es que es la consecuencia de la ironía y el relativismo modernista. El posmodernismo tiene una serie de características lúdicas que hacen posible que sea aceptado fácilmente por la cultura popular o de masas.

Filosofía postmoderna

La idea de un pensamiento postmoderno ha sido fuente de arduas discusiones.

Una de las fuentes de esta discusión se encuentra en que no es capaz de definirse en términos positivos, es decir, que por su propio nombre se asocia con la secuela de algo, como que su característica está en que se trata de un periodo de la historia sin tener en si mismo un valor particular.

La filosofía, o mejor el modo de pensar postmoderno implica posturas ideológicas que afectan desde las manifestaciones artísticas, entendidas como síntoma de la cultura; hasta las mas diversas manifestaciones clínicas, presentes en los consultorios de la salud mental.

Una nueva forma de ver la estética, un nuevo orden de valores, una nueva forma de relaciones, intermediadas muchas veces por los factores postindustriales; todas estas y muchas otras son características de este modo de pensar.

El sujeto de la postmodernidad se ha despojado de la culpa del sujeto moderno, y por eso su notoria falta de solidaridad ante las necesidades de su prójimo; y su vida sin futuro, en el sentido de asumir como suyo el imperativo del goce, que dice “todo, aquí, ahora y para mi”.

Uno de los síntomas sociales mas significativos de la postmodernidad se encuentra en la saga de películas “Matrix”, donde el realce de la estética y la ausencia de culpa, unidos a la percepción de un sin-futuro y una sin-realidad se hacen evidentes.

Los autores más destacados en el área de la postmodernidad son Jean Baudrillard, Adorno y otros.

Fuente: Wikipedia