Reducciones jesuíticas

Se llamaron misiones o reducciones jesuíticas a los pueblos fundados por la Compañía de Jesús, que tenían como fin evangelizar a los nativos de la actual provincia de Misiones, el norte de Corrientes, el Paraguay y sur del Brasil.

Localización de las reducciones jesuíticas en el actual territorio de Argentina, Brasil y ParaguayTabla de contenidos [mostraresconder]

Historia

El Consejo de Indias fue quien solicitó el envío de misioneros presentando la petición al padre Ignacio de Loyola, quien se mostró interesado; a pesar de tener conocimientos de las condiciones espirituales de los pobladores de esta región y aún de sus necesidades, Loyola consideró que su compañía todavía no reunía las cualidades para semejante proyecto. Recién después de su muerte, los jesuitas llegaron al Río de la Plata.

La primera provincia creada fue en el Paraguay, desde donde comienza inmediatamente la instalación de reducciones y pueblos indígenas dirigidos por jesuitas. El primer designado fue el padre Diego de Torres, quién llegó al Río de la Plata en 1608 con trece misioneros.

Por una Real Cédula del 16 de marzo de 1608 se ordenó al Gobernador del Paraguay, Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, que los jesuitas se dirigieran al Paraná, al Guayrá y a la región de los guaycurúes. Con el tiempo las acciones se dirigieron también a la zona de Itatí y Tapé.

En total se organizaron aproximadamente 60 reducciones. Desde 1612 las reducciones fueron objeto de ataques por parte de los bandeirantes provenientes de São Paulo, quienes esclavizaban a los nativos para venderlos en las haciendas.

Estos ataques se agudizaron a partir de 1628, destruyéndose varios pueblos, principalmente los del Guayrá, Itatí y Tapé; los sobrevivientes tuvieron que emigrar con destino incierto en algunos casos.

Los sobrevivientes del Guayrá, dirigidos por el padre Antonio Ruiz de Montoya protagonizaron el exodo guayreño, que terminó con la fundación de San Ignacio Miní y Nuestra Señora de Loreto, a orillas del arroyo Yabebirí.

Finalmente, después de todos los traslados y reubicaciones, se asentaron treinta pueblos en una región más segura, entre los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, siendo el centro de la misma la actual provincia de Misiones.

Las reducciones hacia 1744

En el año 1744 la Compañía de Jesús realizó un censo poblacional de sus reducciones, lo que arrojó un total de 84.000 indígenas.

  • Reducción Población
  • San Ignacio Mayor 2.231
  • Santa María 3.593
  • Santa Rosa de Lima 2.170
  • Santiago 4.359
  • Itapuá 2.847
  • Presentación 1.764
  • Santos Cosme y Damián 1.272
  • Santa Ana 4.331
  • Loreto 2.789
  • San Ignacio Menor 2.218
  • Corpus Christi 3.214
  • Jesús 1.679
  • Santísima Trinidad 2.245
  • San José 1.594
  • San Carlos 1.404
  • Santos Apóstoles 1.577
  • Concepción 2.296
  • Santa María Mayor 993
  • San Francisco Xavier 1.845
  • Santos Mártires 2.834
  • San Nicolás 3.107
  • San Luis 2.868
  • San Lorenzo 1.573
  • San Miguel 6.611
  • San Juan 2.843
  • Santo Tomé 4.824
  • Angeles Custodios 2.397
  • San Borja 3.814
  • La Cruz 2.540
  • Santos Reyes de Yapeyú 6.187

Organización política

El sistema político imperante mantenía a las reducciones estrictamente subordinadas al monarca español, quien ejercía su autoridad en América por medio de las Reales Audiencias de Lima y Buenos Aires.

Por ello los jesuitas recurrían permanentemente al rey, solicitando autorizaciones o pedidos varios, favores y hasta privilegios. En algunos casos las solicitudes se dirigían a las Audiencias y a los Gobernadores.

Como gobierno local, en cada Reducción funcionaba un Cabildo precedido por el corregidor, que era además la autoridad principal del pueblo, conocido entre los guaraníes como parokaitara, “el que dispone lo que se debe hacer”. Era nombrado por el gobernador a propuesta de los padres jesuitas y generalmente el elegido era uno de los caciques del pueblo.

Otras autoridades menores de la misma organización eran los alcaldes de primer voto y segundo voto (también llamados ivírayucu, “el primero entre los que llevan vara”). Ellos velaban por las buenas costumbres, castigaban a los holgazanes y vagabundos, y vigilaban a los que no cumplían sus deberes. Esta autoridad se ejercía dentro del pueblo, pues fuera de ella era responsabilidad de los alcaldes de la hermandad.

Los regidores

Los regidores se encargaban de inspeccionar el aseo y la limpieza en los lugares públicos y privados, controlando también la concurrencia de los niños a la escuela y el catecismo.

El mayordomo

El mayordomo era el procurador y responsable de los bienes de la comunidad, siendo sus auxiliares los contadores, fiscales y almaceneros.

El alguacil

El alguacil era quien se debía encargar de ejecutar las órdenes del Cabildo y de la justicia.

Los caciques

Los caciques eran autoridades importantes del pueblo, y formaban el grupo de la nobleza con todos sus familiares. El respeto a los guaraníes por sus caciques (tuvichas) deviene de la tradición. El cacicazgo pasaba de padres a hijos, pero si éstos no se mostraban capaces para conducir a sus súbditos (mboyas) eran abandonados. Como autoridad cumplieron una función muy importante, siendo voceros directos entre los padres jesuitas y el pueblo nativo.

Organización religiosa

El régimen vigente era el de patronazgo real, ejercido por el gobernador en nombre del rey, el cual tenía facultades para conferir beneficios eclesiásticos y designar curas. El mecanismo utilizado para la designación establecía que el obispo debía presentar una terna de nombres entre los cuales el gobernador elegía.

Los curas tenían el gobierno de las reducciones, siendo verdaderos administradores de los bienes de los pobladores, con facultades de intervención directa no sólo en las actividades espirituales, sino también temporal, económica, cultural, social y militar.

En el orden estrictamente espiritual, los misioneros se preocuparon especialmente de la enseñanza del catecismo. Los jóvenes que habían superado la edad escolar y se encontraban trabajando en cualquier actividad, por las tardes, al escuchar el sonido de la campana, debían dirigirse a la iglesia. El acto religioso más importante era la misa, al que los fieles concurrían acompañados de toda la familia, particularmente los días preceptuados.

Las iglesias fueron el corazón de los pueblos. Eran construcciones imponentes frente a la plaza. Todas las calles del trazado urbano terminaban en ella.

Organización económica

Plano de la Reducción jesuítica de San Ignacio MiníPor costumbres ancestrales los guaraníes eran cazadores y pescadores. Sin embargo, los padres jesuitas implementaron un sistema económico agrícola que fue rápidamente asimilado por los aborígenes.

Se logró que cada reducción formara una unidad económica independiente. Las medidas complementarias favorecieron un intenso tráfico entre las reducciones promoviendo una integración económica, social y política con sede central en Candelaria.

El régimen de propiedad era mixto, aceptando la propiedad individual privada y la propiedad colectiva. La propiedad individual privada o avambae, permitía que cada jefe de familia dispusiera de una chacra con la extensión necesaria para sembrar en ella todo el cultivo indispensable para el sustento anual familiar. La propiedad colectiva o propiedad de dios (tupambae, de tupa, “dios”, y mbae, “dueño”) se utilizaba para el cultivo de algodón, trigo y legumbres. Generalmente existían dos campos en los que se trabajaba comunitariamente.

Organización educativa

Los reyes de España, como parte del proceso de evangelización, ordenaron que “hubiesen escuelas de doctrina y de leer y escribir en todos los lugares de indios”. Este decreto real, al que se le prestó por lo general en América un acatamiento sólo nominal, fue cumplido con rigor por los misioneros jesuitas, dedicándole la atención necesaria que permitió fundaciones de escuelas y centros de formación de distintos niveles.

En todas las reducciones funcionaron escuelas de primera enseñanza, donde los varones de seis a doce años aprendían a leer, escribir y hacer operaciones matemáticas elementales. Las niñas de la misma edad tenían escuelas separadas donde aprendían a leer, escribir, hilar y cocinar.

El castellano se enseñaba para lograr la unidad lingüística en todas en todas las posiciones españolas. Los jesuitas hablaban correctamente el guaraní, utilizando la lengua como el mejor medio para llegar a los naturales. Los hijos de los caciques incluso llegaron a aprender algo de latín.

Se publicaron libros en guaraní sobre gramática, catecismo, manuales de oraciones y hasta un diccionario. La música y el canto ocuparon un lugar destacado en el proceso de aprendizaje. Cada pueblo contó con un coro y orquesta musical. Desde la misma escuela se promovió la participación de los niños y los jóvenes, mientras que los adultos se organizaron, en la mayoría de los casos, desde la iglesia.

Los guaraníes, además, le dedicaron tiempo y esfuerzo a la danza. Los danzarines ensayaban desde los 6 años, incorporando incluso melodramas los días domingos y feriados. En las festividades las principales diversiones justamente consistían en representaciones, música, canto y danza.

Las reducciones contaron con la primera imprenta fundada por los padres Juan Bautista Neuman y José Serrano, quienes armaron una prensa, fundieron los tipos necesarios y publicaron los primeros libros. Las impresiones se hicieron en Loreto, San Javier y Santa María la Mayor.

El primer libro publicado fue el Martirologio Romano en el año 1700; más adelante el Flos Sactorum del padre Rivadeneira en edición guaraní, y De la diferencia entre los temporal y lo eterno del padre Nieremberg. Fue muy rica y variada la producción bibliográfica, conservándose todavía la mayoría.

Fuente: Wikipedia