Solipsismo

Solipsismo es la creencia metafísica de que uno solo existe, y esa existencia sólo significa ser parte de los estados mentales del propio yo – todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta son meramente partes de la propia mente.

Un error común del razonamiento consiste en asentar que esto convierte a uno en un Dios, creando la realidad en la que uno existe. Esta falta de comprensión proviene de la dificultad de apreciar completamente grandes escalas.

Un experimento-mental relacionado con el solipsismo, aunque en principio distinto, es el del Cerebro en una tinaja; es decir, la creencia de que el yo puede ser atrapado dentro de una realidad completamente desconocida, de manera que todo lo que uno piensa es ilusión.

Ideas similares al solipsismo están presentes en gran parte de la filosofía oriental. El Taoísmo y distintas interpretaciones del Budismo, especialmente el Zen, enseñan que trazar una distinción entre el yo y el universo no tiene sentido y es arbitrario, y meramente un artefacto del lenguaje en lugar de una realidad inherente.

Giovanni Gentile postuló una forma de solipsismo marcado con su sello sobre el Idealismo, que mantenía que la visión propia de la realidad sólo existía en la medida en que se relaciona con el mundo que cada cual se crea en su interior.

Objeciones

La objeción clásica al solipsismo es que la persona muere. Sin embargo, tú no has muerto, y por tanto no lo has refutado.

Esta objeción es también vulnerable a la crítica de que uno no puede decir si la mente sobrevive a la muerte o no; por tanto, la teoría no queda refutada porque cualquier otro podría también creer que existe, incluso después de la muerte. La muerte, o alguien asesinando a la persona, también pueden ser vistos como productos de la imaginación, podrían no haber muerto en absoluto.

Una objeción más allá consiste en que la vida causa dolor. ¿Por qué crearíamos dolor para nosotros mismos? Una respuesta a esto es que puede haber alguna razón que hemos decidido olvidar a propósito, tal como se presenta en la ley del Karma, o un deseo para no aburrirse.

Otra respuesta es que la categoría de dolor es una percepción condicionada que se origina en sistemas de valores humanos socioculturales que no tienen por qué ser necesaria y universalmente válidos.

Un sistema de valores solipsista puede no reconocer el dolor, o el hecho alegado de la muerte personal, como reales.

Otra objeción proviene que el solipsista práctico necesita un lenguaje para formular sus pensamientos acerca del solipsismo y un lenguaje es una herramienta esencial para comunicar con otras mentes.

¿Por qué necesita el universo del solipsista un lenguaje? Las respuestas posibles son similares a la última objeción; o sea, para evitar aburrirse, quizás el solipsista imagina otras mentes, que podrían realmente ser sólo elementos de su propia mente, de las que ha elegido perder el control durante el tiempo en que acontece, inventando un idioma para interactuar con estos segmentos más aislados de su mente.

Casi todas las objeciones pueden originarse apelando al libre albedrío del solipsista.

Tópico

El universo del solipsista puede dividirse en dos partes: la parte controlada por su mente consciente y la parte controlada por su mente inconsciente. Encontrará que la parte inconsciente de su universo se comporta con la misma complejidad que lo haría si fuera externa; es decir, sin ser parte de él mismo en absoluto (realismo).

La distinción entre el universo realista y el universo inconsciente desaparece cuando se hace notar que externo e inconsciente son simplemente dos palabras distintas utilizadas para describir los mismos eventos que ocurren fuera del control consciente.

De esta manera, considerar que el universo externo sea la mente inconsciente de uno sólo es una distinción semántica. No se distingue si uno reivindica su propio cuerpo y el universo externo comprende toda la realidad, o reivindica su mente consciente y su mente inconsciente comprende su yo como un todo.

La reivindicación de que sólo uno mismo existe es un tópico; uno mismo es el universo entero.

La única conclusión significativa que puede establecerse en este sentido es la de Arthur Schopenhauer: el albedrío es la realidad externa inalcanzable

Fuente: Wikipedia