Taller de trabajo esclavo

Un taller de explotación laboral (comúnmente denominados taller de trabajo esclavo) es una fábrica, generalmente en un país en vías de desarrollo o del tercer mundo, y especialmente en Asia, donde la gente trabaja por sueldos muy bajos (el equivalente a 3 euros al día, o unos pocos céntimos la hora), manufacturando ropa, juguetes, calzado y otros bienes de consumo.

Tipos

El término “taller de trabajo esclavo” connota una fábrica en la que los trabajadores están sometidos a un entorno duro, con ventilación inadecuada, sujetos ocasionalmente a abusos físicos, mentales o sexuales, a condiciones de trabajo peligrosas para la salud o a horarios de trabajo extraordinariamente largos.

Algunos talleres de explotación laboral son propiedad de corporaciones multinacionales, pero otros son compañías locales que producen bienes para corporaciones extranjeras. Las corporaciones actúan generalmente a través de un proceso de subcontratas, con lo que no son propietarios directos del taller, pero emplean a la organización menor que es la propietaria y se encarga de la producción.

Algunas compañías han sido acusadas de usar a niños en los talleres de trabajo esclavo de sus subcontratas. Algunos países en los que se alojan estos talleres prohíben (o reprimen por la fuerza de las armas) la práctica del sindicalismo, lo que dificulta las protestas de los trabajadores.

Otra forma de taller de explotación laboral es la que se da clandestinamente, también en los países desarrollados, al existir compañías o particulares que emplean trabajadores sin permiso legal para trabajar, pagándoles un sueldo por debajo de la media local, y sin declarar su presencia ante las autoridades locales de trabajo y de seguridad social.

Estos trabajadores suelen ser inmigrantes ilegales. Este hecho genera la llamada economía subterránea, que en algunos países desarrollados llega a alcanzar un porcentaje elevado en comparación a la economía formal. Dicha forma de trabajo da lugar al lavado de dinero por parte del contratante.

Historia

Los talleres de explotación laboral no son un fenómeno nuevo. Los Estados Unidos y Europa, en el siglo XIX y principios del XX, vieron talleres que ofrecían trabajo a los inmigrantes y a los trabajadores de baja cualificación. Los sindicatos y las nuevas leyes y regulaciones laborales terminaron forzando a los empleadores a mejorar la seguridad y las condiciones de trabajo, y a subir los sueldos.

En contra

Algunos sindicatos, como el AFL-CIO, han ayudado al movimiento contra estos talleres, tanto por un interés filántropico en el bienestar de los trabajadores más desfavorecidos como por propio beneficio. Como los productos producidos en los talleres de explotación laboral son más baratos que los producidos en las fábricas de Estados Unidos o Europa, los sindicatos piensan que esto puede ocasionar que sus miembros pierdan sus trabajos.

Acabar con el trabajo esclavo es uno de los objetivos del movimiento anti-globalización, que ha acusado a muchas compañías (como Walt Disney, The Gap y Nike) de hacer uso de este tipo de talleres.

Los activistas de este movimiento indican que el proceso de globalización neoliberal favorece los abusos corporativos a los “trabajadores esclavos”. Adicionalmente, argumentan que la producción con sueldos bajos en los países desfavorecidos es responsable de la pérdida de empleos en los países del Primer Mundo.

Los artículos 22, 23, 24 y 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entre otros, tratan sobre la materia.

A favor

Aquellos que defienden la práctica de trasladar la producción a zonas de bajos sueldos apuntan a un coste de vida inferior como explicación de los sueldos bajos, y argumentan que sus operaciones benefician a la comunidad, al proveerles de empleos, algo que la comunidad necesita.

Aún así, algunas compañías se han plegado a la presión pública y han reducido su dependencia de este tipo de talleres.

De hecho, estudios recientes muestran que las fábricas en el tercer mundo pueden mejorar las condiciones de trabajo en los países en vías de desarrollo, y ofrecen un sueldo superior al que tendrían disponible en su ausencia.

Algunas compañías dan publicidad al hecho de que sus productos no están hechos con trabajo esclavo, algunas organizaciones publican listas de compañías que pagan a sus trabajadores en sueldo justo.

Fuente: Wikipedia