Archivos de la categoría Religiones y creencias

El descontrustivismo

Introducción, La fracmentación, Formas rectangulares, formas trapezoides, Imágenes retorcidad, Postmodernismo, Multiestilístico, Individualista, Rasgos Formales, Conclusiones. Visitar

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En este contexto nace el desconstructivismo, que no representa un movimiento ni un estilo nuevo. No es un credo, y ni tiene reglas de oro, es la confluencia desde 1980, del enfoque arquitectónico en las obras de unos cuantos arquitectos, en diferentes lugares del mundo, que da como resultado formas similares.

Es en la exposición de 1988, Desconstructivist Architecture, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se dio el nombre de desconstructivismo a esa arquitectura. Los temas formales que se repiten son la súper imposición en diagonal de formas rectangulares o trapezoidales. Los cambios evidentes son los contrastes entre las imágenes retorcidas de la arquitectura desconstructivista, en contraposición de las imágenes puras del estilo internacional. La fragmentación de la forma implica que las reglas de composición tradicionales ya no son validas, pero no era necesario romperlas, solo torcerlas un poco e incorporarles cierta fluidez que proporcione movimiento a los espacios propuestos. El desconstructivismo propone un postmodernismo multiestilistico individualista.

Identidad e ideología en el pensamiento judío

Definición de Identidad, Contenido de la Identidad Judía, Identidad a través del tiempo, El polo social, Programas y argumentos, La separación de los rostros. Visitar

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El cometido de este trabajo es la investigación de los problemas de la identidad judía. Se diferencia de otras investigaciones en la definición de su punto de partida, que no es la investigación, la observación empírica de uno u otro grupo, sino el estudio de los distintos sistemas ideológicos del pensamiento judío, el religioso y nacional, en las últimas generaciones. La multiplicidad de sentidos o significados en el concepto de identidad, exige a mi entender un enfoque metodológico de tales características.

En el campo de la psicología social, el término “identidad” tiene una significación técnica precisa aún cuando no unívoca. Siguiendo a D.R. Miller, diferencia Shimón Herman entre distintos aspectos de la identidad.[1] Según su concepto, deben ser distinguidas una de la otra, la identidad colectiva objetiva (la visión del hombre a los ojos de los otros), la identidad colectiva subjetiva (la forma como el individuo capta su imágen a través de los ojos de los otros) y la autoidentidad o, en otra terminología, el autoconcepto (la representación del hombre a sus propios ojos).

Además del concepto de identidad debe ser explicado también el concepto de identificación. La identificación se refiere a la forma en la cual, por ejemplo, el judío de una determinada comunidad, o los judíos de una determinada comunidad, están dispuestos a ser considerados judíos y a actuar dentro de los marcos.

La identidad colectiva objetiva tampoco tiene un significado unívoco. Ella puede provenir de la relación de un hombre a distintos grupos de presión externos (de no judíos) o de grupos internos (de judíos). Con la ayuda de estas distintas clarificaciones, podemos tratar de referirnos a los distintos conceptos y tratar de ubicarlos en una especie de red de coordenadas generales. Así por ejemplo, la definición halájica del judío es parte de su identidad colectiva objetiva.

Al lado del uso del término “identidad” como un término técnico en la psicología, nos encontramos con un uso adicional que está unido a distintas doctrinas filosóficas. La “identidad” del hombre es captada aquí como una esencia especial que existe dentro del hombre y que puede ser ocultada, reprimida, redescubierta y estar sujeta a un conflicto continuo entre la alienación y la autenticidad. Este uso se hace en los marcos de un sistema mucho más amplio, ya sea psicoanalítico o existencialista. En este concepto la parte psicológica se convierte en base de una concepción del mundo y de una posición filosófica.

Cristología

Introducción General a la Cristología, Jesús en la Escritura, Las Fuentes de la Cristología, El Mistreio Pascual. Visitar

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Amados hermanos y hermanas en Cristo:
1. Estamos celebrando la misa del Santo Niño de Cebú, el niño Jesús, cuyo nacimiento en Belén la Iglesia acaba de conmemorar en Navidad. Belén significa el comienzo en la tierra de la misión que el Hijo recibió del Padre, la misión que es el centro de nuestras reflexiones durante esta Jornada Mundial de la Juventud. En la liturgia de hoy encontramos un magnífico comentario al tema de nuestro encuentro: «Como el Padre me envió, también yo os envío».
Isaías dice: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro» (Is 9,5). Este Niño ha venido del Padre como Príncipe de paz, y su venida ha traído al mundo la luz (cf. Jn 1,5). E1 profeta prosigue: «El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Una luz brilló sobre los que vivían en tierra de sombras. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría» (Is 9,1-2). E1 feliz acontecimiento que el profeta anunció tuvo lugar en Belén; la Navidad que los cristianos celebran con gran alegría en todas partes: en Roma, en Filipinas, en todos los países de Asia y en el resto del mundo.
Amados hermanos y hermanas de la Iglesia en Filipinas; queridos jóvenes de la X Jornada Mundial de la Juventud aquí reunidos de diversos pueblos, lenguas, culturas, continentes e Iglesias locales: ¿Cuál es la razón más profunda de nuestra alegría común? La fuente más profunda de nuestra alegría es el hecho de que el Padre ha enviado a su Hijo para salvar el mundo. El Hijo carga con los pe
cados de la humanidad y, de este modo, nos redime y nos guía por el sendero que lleva a la unión con la Santísima Trinidad, con Dios. Esta es la fuente más profunda de nuestra alegría, de la alegría de todos nosotros, y también de mi alegría. Es mi alegría y vuestra alegría.
2. Cuando repetimos, en el salmo responsorial: «Aquí estoy, Señor, envíame», escuchamos un eco lejano de lo que el Hijo eterno dijo al Padre al venir al mundo: «He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!» (Hb 10,7). «Aquí estoy, Padre, envíame». Cristo vino a cumplir la voluntad del Padre. E1 Padre tanto amó al mundo que dio a su Hijo único para la salvación de los hombres (cf. Jn 3,16). A su vez el Hijo tanto amó al Padre que hizo suyo el amor del Padre a la humanidad pecadora y necesitada. En este eterno diálogo entre el Padre y el Hijo, el Hijo manifestó su disponibilidad para venir al mundo a realizar, mediante su pasión y muerte, la redención de la humanidad.
El Evangelio de hoy es un comentario sobre cómo vivía Jesús la misión mesiánica. Nos muestra que, cuando Jesús tenía doce años
vosotros tenéis algún año más—quizá ya era consciente de su destino. Cansada por la larga búsqueda de su hijo, María le dijo: «Hijo, ¿por qué has hecho esto? Mira, tu Padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Y él respondió: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?» (Lc 2,48-49).
Esa conciencia se ahondó y creció en Jesús con el paso de los años, hasta que se manifestó con toda su fuerza cuando comenzó su predicación pública. El poder del Padre que actuaba en él se fue revelando poco a poco en sus palabras y en sus obras. Y se reveló de modo definitivo cuando se entregó completamente al Padre en la cruz. En Getsemaní, la víspera de su pasión, Jesús renovó su obediencia: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mí voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42).
Permaneció fiel a lo que había dicho cuando tenía doce años: «Debo ocuparme de las cosas de mi Padre. Debo hacer su voluntad». Vosotros tenéis más de doce años y podéis comprenderlo.
3. «Aquí estoy, Señor, envíame». Aquí estoy, en Filipinas, o en cualquier parte. Con la mirada fila en Cristo, repetimos este versículo del salmo responsorial como una respuesta de la X Jornada Mundial de la Juventud a lo que el Señor dijo a los Apóstoles y que ahora nos dice a todos: «Como el Padre me envió, también yo os envío (Jn 20,21), porque estas palabras de Cristo no sólo se han convertido en el tema, sino también en la fuerza orientadora de esta magnifica reunión en Manila. Después de la meditación y de la vigilia de anoche, este sacrificio eucarístico consagra nuestra respuesta al Señor: en unión con él, en unión eucarística con él, todos juntos respondemos: «Envíame».

Filosofía Cristiana

A modo de introducción,,Prolegómenos, Ciencia, El Universo, El Hombre, Dios. Visitar

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Adelantándose al tiempo, Tomás de Aquino llamó “pecado” a la tendencia de uniformar el método y contenido de todas las ciencias. Hoy podríamos decir con Fulton Sheen que es la “Falacia del Método Uniforme de la Ciencia” que quiere ser la medida, guía, intérprete e inspiración de todas las ciencias.
La historia de la filosofía atestigua que nuestra generación no es la primera en construir una metafísica y una religión sobre los datos de una ciencia, con exclusión de todo otro fundamento posible. Cada generación parece tener su propia ciencia, que es suprema en ese momento.

Augusto Comte (1798-1857) dio al mundo el método sociológico, genuinamente científico mientras se limitaba a la sociedad. Pero los líricos de la ciencia no aceptaban la idea de mantenerlo restringido a su objeto material; lo extendieron más allá de sus límites naturales y aplicaron el método sociológico a la religión y a Dios. Resultado de ello, es la actual interpretación sociológica de Dios como “sociedad divinizada”.

Otra generación contempló la popularidad de la biología, llevada a nuevas alturas por Carlos Roberto Darwin (1809-1882), y de sus nuevas revelaciones del desarrollo del mundo orgánico. La biología es una ciencia perfectamente legítima y necesaria mientras es biología y se limita al estudio de los seres vivos; pero Darwin y todos los otros biólogos no pudieron sofrenar a los líricos. Pronto la biología fue aplicada no sólo a la filosofía (Herbert Spencer, 1820-1903) sino hasta a Dios mismo, “el Dios de la evolución” con Sir Henry Jones.

Otra moda fue la sicología, William James (1842-1910) y Edwing G. Boring (1886-1968) brindaron al mundo científico muchas conclusiones importantes e interesantes relativas al efecto de las ideas sublimadas sobre nuestra vida de vigilia. La falacia del método uniforme de la ciencia se impuso a algunos sicólogos, quienes rehusaron limitar la sicología al estudio de la mente y sus estados, e insistieron en obligar a la filosofía y a la religión a conformarse a las reglas sicológicas. La sicología se identificó con la teología, y la conversión se explicó como una erupción de un estado inconsciente.

En la actualidad, la ciencia de moda no es la sociología, ni la biología, ni la sicología, sino la física o el marxismo en decadencia. Jules Henri Poincaré (1854-1912), Pierre Duhem (1861-1916), Emile Meyerson (1859-1933), Alfred North Whitehead (1861-1947) y Albert Einstein (1879-1955), han brindado al mundo nuevas interpretaciones del universo físico que parecen adaptarse a los hechos mejor que a las teorías más antiguas.

Nuestra intención es aclarar términos a fin de no caer en el oscurantismo vivencial que es muy cruel, por la apariencia de ciencia y verdad, que sólo conlleva penumbras y nesciencia.

No haremos una historia de la filosofía, ni menos una filosofía del cristianismo, pero sí abordaremos los principios filosóficos que sustenta el cristianismo y que dan consistencia a un pensar filosófico cristiano alimentando aquel pensar de Mauricio Blondel (1861-1949) que la filosofía incluye al cristianismo, incluso, no puede ser, aún en su autonomía, sino cristiana, porque sólo en esta doctrina encuentra solución el problema de nuestra realidad y de nuestra plena realización.

En que se basa la vida sacerdotal

El sacerdote y su conversión. Meditación curesmal dirigida a sacerdotes, por Alfonso Martínez Sanz, sacerdote, profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio de Guadalajara (España), El sacerdote y su conversión., La caridad pastoral como principio específico de la espiritualidad sacerdotal., Experiencia de Dios y caridad pastoral, El sacerdote y la Eucaristía, La vida espiritual del sacerdote y la celebración de la Misa en el Magisterio reciente, textos de San Josemaría Escrivá sobre la celebración de la Santa Misa. Visitar

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Se ofrecen las Letanías de Nuestro Señor Jesucristo Sacerdote y Víctima que el Papa Juan Pablo II rezaba en el seminario de Cracovia. He aquí los párrafos en que el Papa evoca su recuerdo:

“A través de las Letanías que había costumbre de recitar en el seminario de Cracovia, especialmente la víspera de la Ordenación presbiteral, he tenido siempre presente la verdad sobre el sacerdocio de Cristo. Me refiero a las Letanías a Cristo Sacerdote y Víctima. ¡Qué profundos pensamientos provocaban en mí! En el sacrificio de la Cruz, representado y actualizado en cada Eucaristía, Cristo se ofrece a sí mismo para la salvación del mundo. Las invocaciones litánicas recorren los diversos aspectos del misterio. Me recuerdan el simbolismo evocador de las imágenes bíblicas que están entretejidas. Me vienen a los labios en latín, como las he recitado en el seminario y después tantas veces en los años sucesivos:

El Papa Juan Pablo II
Iesu, Sacerdos et Victima,
Iesu, Sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedech, …
Iesu, Pontifex ex hominibus assumpte,
Iesu, Pontifex pro hominibus constitute, …
Iesu, Pontifex futurorum bonorum, …
Iesu, Pontifex fidelis et misericors, …
Iesu, Pontifex qui dilexisti nos et lavisti nos a peccatis in sanguine tuo, …
Iesu, Pontifex qui tradidisti temetipsum Deo oblationem et hostiam, …
Iesu, Hostia sancta et immaculata, …
Iesu, Hostia in qua habemus fiduciam et accessum ad Deum, …
Iesu, Hostia vivens in saecula saeculorum.

¡Cuánta riqueza teológica hay en estas expresiones! Se trata de letanías profundamente basadas en la Sagrada Escritura, sobre todo en la Carta a los Hebreos. Es suficiente releer este pasaje: “Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, (…) penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros (…) santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!” (Hb 9, 11-14). Cristo es sacerdote porque es el Redentor del mundo. En el misterio de la Redención se inscribe el sacerdocio de todos los presbíteros. Esta verdad sobre la Redención y sobre el Redentor está enraizada en el centro mismo de mi conciencia, me ha acompañado en todos estos años, ha impregnado todas mis experiencias pastorales y me ha mostrado contenidos siempre nuevos”

La teología moral

Introducción, La Veritatis splendor y el desarrollo contemporáneo de la Teología Moral, Teología Moral, pluralismo y disenso, Teología Moral y pensamiento débil. Visitar

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El 6 de agosto de 1993 apareció una de las encíclicas más comentadas de Juan Pablo II: la Veritatis splendor, que versa, como indica el encabezamiento o subtítulo, “sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral en la Iglesia”. Ya desde el momento mismo de su publicación diversos comentaristas subrayaron que era el primer documento amplio, la primera encíclica, dedicada por un Romano Pontífice a la Teología Moral, signo claro de la importancia de los debates planteados en el seno de la Teología, Moral católica, en los que -venía a decir Juan Pablo II- estaban en juego no cuestiones accidentales o secundarias, sino la naturaleza misma de la enseñanza ético-moral católica.

Han transcurrido ya cuatro años desde la aparición de la encíclica: un lapso todavía breve, pero lo suficientemente extenso como para recordar la efemérides y esbozar una reflexión a ese respecto. Lo haremos en tres pasos consecutivos.

La Veritatis splendor y el desarrollo contemporáneo de la Teología Moral

La Veritatis splendor marca, sin duda alguna, un hito en la historia de la Teología Moral del siglo XX, en cuyo desarrollo ese documento aspiraba a incidir. Un breve panorama histórico permitirá documentar -y precisar- esa afirmación.

La Teología Moral de nuestros días presupone el impulso de los grandes proyectos renovadores que, nacidos durante el siglo pasado, encontraron eco y prolongación en el segundo tercio de nuestra centuria. Esos proyectos, muy diversos metodológicamente entre sí -pues apelan, en unos casos, a la vuelta a las fuentes bíblicas y patrísticas y en otros al recurso a maestros medievales o a filones antropológicos de signo personalista-, coinciden no obstante en promover una teología más viva, más atenta a la totalidad de las dimensiones del ser humano y, en consecuencia, más cercana a la realidad concreta, más capaz de incidir en la existencia. Esa fue la vía emprendida por la Teología Moral ya desde mediados del siglo XIX, dando lugar a una renovación que fue recogida y confirmada por el Concilio Vaticano 11, especialmente en la Constitución Gaudium et spes.

En ese proceso de desarrollo se produjo, en especial a partir de fines de la década de 1960, un momento de inflexión, que sería complejo describir ahora en toda su integridad. Digamos sólo que, por influjo de un existencialismo de cuño heideggeriano en unos casos, y de un pragmatismo consecuencialista en otros, algunos autores desembocaron en un planteamiento que, a juicio de muchos -y Juan Pablo II va a coincidir con ese diagnóstico-, no reflejaba con plenitud el ideal ético cristiano. Más concretamente, se trataba de un planteamiento que se hacía eco, sin duda, de la invitación a la autenticidad existencial, a la seriedad de vida, a la generosidad, que implica el mensaje evangélico, pero no, en cambio, del carácter absoluto que tienen algunos de los imperativos éticos que ese mensaje contiene. La invitación a la autenticidad corría así el riesgo, aun cuando fuera formulada con fuerza, de resultar meramente formal, genérica, y, en plazo más o menos largo, inoperante e incluso vacía.

La santa Biblia on line

Génesis, ëxodp, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, Libro primero de Samuel, Libro primero de Reyes, Libro primero de cróicas, Esdras, Ester, Salmos, Isaías, Lamentaciones, Daniel, Joel, Abdías, Miqueas, Habacuc, Hageo, Malaquías, Marcos, Juan, Romanos, Efesios. Visitar

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Éxodo
Capítulo 1

ESTOS son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia.
Rubén, Simeón, Leví y Judá;
Issachâr, Zabulón y Benjamín;
Dan y Nephtalí, Gad y Aser.
Y todas las almas de los que salieron del muslo de Jacob, fueron setenta. Y José estaba en Egipto.
Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.
Y los hijos de Israel crecieron, y multiplicaron, y fueron aumentados y corroborados en extremo; y llenóse la tierra de ellos.