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Hare Krishna

Hare Krishna, secta religiosa que proviene del hinduismo vaishnavista que hace hincapié en la devoción al dios Krishna. Sus miembros llevan una vida ascética y monástica, absteniéndose de comer carne, ingerir drogas, dedicarse al juego y practicar el sexo que no tenga como fin la procreación.

El movimiento krishna fue creadoen los Estados Unidos por A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada en 1966, extendiéndose con gran rapidez por la mayoría de las grandes ciudades del oeste de este país.

Prabhupada autoproclamaba ser el último de una línea de maestros divinos y espirituales que comenzó en el siglo XV con el monje Chaitanya. Para lograr la felicidad y la paz interior, los creyentes deben someterse a Krishna y a sus representantes mortales; su principal texto de apoyo es el Bhagavad-Gita.

Los miembros viven en templos comunitarios, y se levantan a las tres de la mañana para practicar el culto. Cantan mantras tales como la de ‘Hare Krishna, Hare Rama’, tanto en privado (para una purificación personal) como en las procesiones públicas que realizan por las calles.

Una de las características físicas notables en los hombres es que llevan por lo general las cabezas rasuradas o afeitadas y usan túnicas de color azafrán y para el caso de las mujeres usan vestidos largos y deben llevar la cabeza cubierta.

Algunas de las actividades seculares que se encuentran el trabajo comunitario, el reclutamiento de nuevos miembros y, de forma ocasional, trabajos fuera de la comunidad. Los hare krishna han sido acusados de manipular ideológicamente a sus miembros y de usar métodos agresivos para reclutar a jóvenes inmaduros.

Vulgata

La Vulgata es una traducción de la Biblia al latín, realizada a finales del siglo IV (en el 382 d.C.) por Jerónimo de Estridón. Fue encargada por el papa Dámaso I dos años antes de su muerte (366-384). La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición para el pueblo) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que Jerónimo de Estridón dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.

En principio, san Jerónimo recurrió a la Septuaginta griega para realizar su traducción del Antiguo Testamento, incluyendo partes de los deuterocanónicos; más tarde consultó los textos hebreos originales. Elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos.

El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata. A petición del papa Dámaso I, en 382, Jerónimo se había encargado con anterioridad de una revisión del Nuevo Testamento. Corrigió de forma exhaustiva los Evangelios; pero los especialistas no se ponen de acuerdo acerca de si las ligeras verificaciones realizadas en el Nuevo Testamento son o no obra suya.

Durante los 12 siglos siguientes, el texto de la Vulgata fue transmitido cada vez con menor precisión. El Concilio de Trento reconoció la necesidad de un texto latino auténtico, y autorizó el examen de las versiones corruptas que habían perdurado. En 1546, se decretó que la Vulgata sería el único texto latino autorizado para la Biblia.

Esta revisión es el texto en latín básico que todavía utilizan los especialistas. Una moderna reelaboración del mismo, a instancias del papa Pablo VI como resultado del Concilio Vaticano II, fue completada en su mayor parte en 1977. Se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.

Diez Mandamientos

En la Biblia (escritura sagrada de judíos y cristianos), el profeta Moisés (aprox. 1250 a. C.) recibió directamente de manos de Yahveh, una lista de órdenes o mandamientos que los israelitas debían respetar, los Diez Mandamientos. El nombre decálogo, con que suelen designarse, procede de la fórmula griega δεκάλογος (dekalogos: ‘diez palabras’) con que se citan en la Septuaginta, la versión griega tradicional, tanto en el Éxodo 34:28, como en el Deuteronomio 10:4.

De acuerdo con dichas escrituras, Moisés subió al Monte Sinaí y permaneció en su cima cuarenta días y cuarenta noches, al cabo de los cuales DIOS le entrego escritos en dos tablas de piedra los Diez Mandamientos. Cuando bajaba del monte, vio al pueblo que estaba adorando un becerro de oro y enfurecido las rompió. Posteriormente, pidió a DIOS que perdonase al pueblo y sellase con ÉL un «convenio» (pacto o alianza). Entonces, ÉL SEÑOR ordenó a Moisés que tomara dos lajas de piedra, y en ellas quedaron escritos los Diez Mandamientos del pacto, reconveniendole que «no deben tolerar la desobediencia».

Por tradición, los mandamientos han sido enumerados de acuerdo con tres criterios. La mayoría de los cristianos protestantes y ortodoxos dividen y enumeran los mandamientos del siguiente modo: (1) prohibición de adorar a cualquier divinidad que no sea Dios; (2) prohibición de la idolatría; (3) prohibición de tomar el nombre de Dios en vano; (4) observancia del sábado; (5) honrar a los padres; (6) prohibición de matar; (7) prohibición del adulterio; (8) prohibición de robar; (9) prohibición de prestar falso testimonio; (10) prohibición de codiciar la propiedad o desear a la mujer del prójimo.

Los católicos y los luteranos siguen la división utilizada por san Agustín de Hipona (siglo IV). El prólogo y las dos primeras prohibiciones están combinados, y el último mandamiento se divide en dos prohibiciones: desear a la mujer del prójimo y codiciar los bienes ajenos. Por ello, la enumeración de los demás mandamientos difiere en un número. En la tradición católica, los mandamientos rezan así:

Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Dios en vano.
Santificarás las fiestas.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometerás actos impuros.
No robarás.
No dirás falso testimonio ni mentirás.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes ajenos.

En la tradición judía el prólogo es considerado el primer mandamiento, las dos primeras prohibiciones se conjuran como segundo mandamiento, y el resto sigue el mismo orden que las tradiciones protestante y ortodoxa.

En realidad, los Diez Mandamientos engloban los principios comunes para toda la humanidad. Los filósofos y teólogos escolásticos del medioevo, como santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, sostienen que todos los mandamientos son parte de la ley natural y, por consiguiente, aprehensibles para todos los seres racionales. Ambos alegaron que Dios reveló los mandamientos a Moisés para recordar a la humanidad sus obligaciones, olvidadas con facilidad por causa del pecado original. En realidad, se hacían eco de una idea similar expresada por los primeros padres de la Iglesia, como Tertuliano y Agustino, que manifestaron que los mandamientos ya habían sido grabados en el corazón humano antes de ser escritos sobre tablas de piedra.

Apocalipsis

El libro del Apocalipsis o Apocalipsis de Juan (griego: Αποκάλυψις Ιωάννου [Apokálypsis Ioánnou], «Revelación de Juan») es el último libro del Nuevo Testamento. También es conocido como Apocalipsis de Jesucristo por el título que al principio se da a este libro, y en algunos círculos protestantes simplemente como Revelación o Libro de las revelaciones.

El Apocalipsis quizás sea el escrito más rico en símbolos de toda la Biblia. La cantidad de símbolos, eventos y procesos complica la tarea de interpretar la totalidad de la revelación y como tal, ha sido objeto de numerosas investigaciones, interpretaciones y debate a lo largo de la historia.

El autor se llama a sí mismo Juan, y la tradición eclesiástica ha sostenido que se trata de san Juan Evangelista. Sin embargo, muchos especialistas, tomando en consideración pruebas tales como las diferencias lingüísticas entre el Apocalipsis y el Evangelio según san Juan (también atribuido por la tradición a Juan Evangelista) se sienten más inclinados a atribuirlo a algún otro destacado cristiano de la Iglesia primitiva, sugiriendo, por ejemplo, que fuera el apóstol Juan Marcos o Juan el Viejo.

Está generalizada la opinión de que fue redactado en la isla de Patmos, una de las del Dodecaneso en el Egeo, a la cual el autor quizá fuera desterrado ‘por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús’ (1,9). Allí, quizá durante el reinado del emperador romano Vespasiano (69-79 d.C.), aunque con mayor probabilidad bajo el del emperador Domiciano, el autor oyó ‘una gran voz como de trompeta’ diciéndole ‘lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea’ (1,10-11).

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Fue escrito para preparar a los cristianos ante la última intervención de Dios en los asuntos humanos. La primitiva Iglesia creía que este acontecimiento no tardaría en llegar. Cuando se produjera comenzaría una nueva era en el mundo, en la que Cristo y la Iglesia resultarían triunfantes. Sin embargo, antes se agravarían e intensificarían los males y terrores del orden mundial existente.

El autor del Apocalipsis parece haber interpretado el empeoramiento de las condiciones de los cristianos durante el imperio de Domiciano como una señal del comienzo de este periodo catastrófico. Al parecer, escribió sobre todo para alentar a los cristianos a resistir durante esta aterradora crisis final, en la confiada esperanza del advenimiento de una inminente era justa para la eternidad.

Zoroastrismo

El zoroastrismo es el conjunto de las doctrinas y preceptos difundidos por Zaratustra.

Los parsis —como son conocidos los zoroastras en la India — adoran al fuego y el sol como símbolo de pureza, su dios es Ormuz y Zoroastro o Zaratustra el profeta. Los Zoroastristas o Parsis no tienen hoy interés proselitista, aunque a través del matrimonio se han incorporado nuevos adeptos.

Descienden de una antigua secta que gobernó Persia durante siglos, hasta ser expulsados sus adeptos por los musulmanes, que dominaron el país en el siglo VII.

Se radicaron en la India y prosperaron como armadores de barcos, comerciantes y banqueros. La fidelidad a su fe está llevándolos a la extinción.

Se calcula que en todo el mundo existen unos 130 mil parsis, de ellos 100 mil están en la India. Y de éstos, setentamil concentrados en la región de Mumbai.

Hoy afrontan una grave crisis interna, debido a la pugna entre los sacerdotes ortodoxos y los jóvenes modernistas. Aquéllos insisten en la práctica funeraria de los antepasados y para ello conservan en el Cerro Malabar, el sector residencial más exclusivo de Bombay, una construcción de piedra gris llamada la Torre del Silencio.

Allí son llevados los Parsis que mueren. Los cadáveres de niños, mujeres y hombres se depositan sobre losas de piedra y quedan expuestos a la voracidad de gigantescos buitres. Las aves de rapiña les arrancan la carne y en corto plazo dejan sólo los huesos del esqueleto.

Entonces el sol los calcina y, semipulverizados los restos, se arrojan a un pozo habilitado en el fondo de la Torre. Desde allí, impulsados por agua, llegan al mar. Los jóvenes Parsis encuentran que esta ceremonia, que data de 8 mil años atrás, debe desaparecer. Tal vez con ello desaparezca la religión misma.

Representante famoso de los parsis fue Feroze Gandhi, el fallecido esposo de Indira Gandhi, a quien rechazaba Nehru, padre de la Primera Ministro , debido a sus creencias religiosas.

Zoroastro no enseñó la adoración del fuego sino que trató de utilizar la llama como símbolo del Espíritu puro y sabio de dominio universal y supremo.

(Es verdad que sus seguidores más recientes reverenciaron y adoraron este fuego simbólico). Finalmente, cuando un príncipe iranio se convirtió, esta nueva religión se difundió por la espada. Y Zoroastro murió heroicamente en una batalla por lo que creía la «verdad del Señor de la luz».

Aun la religión que sucedió al zoroastrismo en Persia estuvo marcadamente influida por éste. Cuando los sacerdotes iranios trataron de derribar las enseñanzas de Zoroastro, resucitaron la antigua adoración de Mitra, y el mitraísmo se difundió a lo largo y a lo ancho del Levante y de las regiones mediterráneas, siendo durante cierto tiempo con temporal tanto del judaísmo como del cristianismo.

Las enseñanzas de Zoroastro de esta manera dejaron su huella sucesivamente sobre tres grandes religiones: el judaísmo y el cristianismo y a través de ellos, el islam.

Fuente: Wikipedia

Wicca

La Wicca es una religión de las consideradas “Neo-paganas”. Nació de la mano de Gerald Gardner en los años 50 en Inglaterra, una vez fueron abolidas las últimas leyes que perseguían la brujería en el país anglosajón.

Como religión, se basa en el culto a los antiguos dioses paganos, preferentemente un Dios y una Diosa, a los cuales habitualmente se les da el nombre de otros dioses paganos, como por ejemplo los romanos, los griegos, los celtas o los egipcios, o bien se les llama “Dios” y “Diosa”.

Los wiccanos también tieden a seguir de cerca los ciclos lunares y celebran 21 fiestas anuales; 8 festividades de estación y semi-estación y 13 lunas llenas al año.

Creen en el culto a la Naturaleza y en el uso de la Magia como herramienta de autocrecimiento, nunca en forma de ataques hacia otras personas o seres.

Este tipo de magia es conocida como “Magia blanca”. Y a pesar de lo que se cree, en esta religión no se cree en Satán, el Diablo, el Demonio o cualquier entidad parecida ya que este ente concretamente pertenece a las costumbres cristianas y por tanto, no corresponde a la religión wicca.

Dentro de la propia religión en cambio hay muchas corrientes, las cuales se pueden identificar según quien la haya fundado y determinadas características, como por ejemplo los rituales o la forma de ir vestido. Así, tenemos la que muchos consideran la wicca “original”, que es la Gardneriana , o la Wicca Alejandrina , Wicca Dianica (la cual es feminista), etc.

Esta religión pretende ser, junto con las otras dos neopaganas (Asatru y Druidismo), una recuperación de las antiguas tradiciones paganas que se dieron en Europa preferentemente antes de la llegada del Cristianismo.

Fuente: Wikipedia

Vudú

El vudú o vodun es una religión originada en el área cultural de África Occidental en tiempos prehistóricos. Se trata de una variante teísta de un sistema animista de creencias, provisto de un fuerte componente mágico.

Por su vinculación directa con la cosmología y los sistemas de creencias neolíticos, su estudio resulta de gran interés en el campo de la Paleoantropología.

El vudú se cuenta entre las religiones más antiguas del mundo, a caballo entre el politeísmo y el monoteísmo.

El tráfico de esclavos hacia América produjo un fuerte fenómeno de sincretismo entre esta religión arcaica y las creencias cristianas de los esclavistas, así como con las religiones nativas de los lugares adonde se transportó a los esclavos.

De aquí surgiría el vudú haitiano y un gran número de derivativos: la Regla de Ocha o Santería en Cuba, el Candomblé, la Umbanda y Kimbanda en Brasil, etcétera. Algunos de estos derivativos han llegado a Europa en décadas recientes, sobre todo de la mano de emigrantes retornados.

Los orígenes africanos: sustrato teológico del vudú

Como se ha indicado, el Vodun o Vudú es una forma teísta y mágica del animismo que se desarrolló entre las tribus de África occidental antes de la época histórica, en los territorios de lo que fuera el Reino de Dahomey (actual Benin). El área cultural de los pueblos Fon, Gun, Mina y Ewe comparten concepciones metafísicas comunes, centradas en torno a la idea de un principio cosmológico dual de orden divino. Por un lado encontramos al Dios Creador (cuyo nombre puede variar, pero que definiremos como Mawu) y por otro lado a una serie de Dioses o espíritus Actores, hijos del Creador.

El Dios Creador constituiría así el principio cosmogónico, aislado de los asuntos mundanos, y los Voduns son los dioses o espíritus actores que rigen sobre las cuestiones terrenales.

Es interesante observar el parecido entre esta vieja dualidad y otra, mucho más tardía, entre el Dios-Pantócrator y el Dios-Politeuma que hallamos en muchas religiones monoteístas modernas.

El panteón de Voduns es grande y complejo. Hay siete hijos directos de Mawu, el principio cosmogónico, que son interétnicos y están relacionados con fenómenos naturales o personajes históricos y míticos, junto a docenas de Voduns étnicos, defensores de un determinado clan o tribu. Además están los Voduns modernos, procedentes fundamentalmente de Ghana.

Diversos regímenes totalitarios en África occidental intentaron suprimir el Vodun junto a otras formas de religiosidad, pero hoy por hoy florecen de nuevo. Más de 30 millones de personas practican actualmente el vudú africano en numerosos países del Golfo de Guinea.

Para cualquier persona interesada en el vudú originario, la historia comparada de las religiones o la antropología, visitar los museos y mercados vodun de Ouidah y Cotonou, en Benin —donde es actualmente la religión oficial—, o de Lomé, en Togo, resulta una experiencia fascinante.

La religión vudú supone el creer en la vida después de la muerte, así como en la existencia de diversas jerarquías espirituales de ánimo maligno, benigno o amoral, llamadas loas.

Éstas supuestamente influyen en el mundo terrenal gracias a la acción de un hierofante. Éste es conocido como houngan, y su función es, mediante la ayuda de los entes que convoca, conseguir curaciones, información determinada, (no confundir con las visiones chamánicas) e influir sobre la naturaleza. Todo ello con fines benignos.

La mujer puede ser también houngan si tiene aptitudes y es elegida para ello, denominándosela manbo.

Es posible que el houngan tenga nefastas intenciones o que utilice su poder de convocatoria para el mal, entonces es denominado bokor.

El vudú en América

El vudú americano es un nítido ejemplo de evolución sincrética entre esta religiosidad teísta-animista, las creencias cristianas de los esclavistas y religiones locales de pueblos como los Taínos, que se inició cuando muchos africanos del Golfo de Guinea fueron utilizados como esclavos en Haití y otros lugares del Caribe.

En sus principios careció de un clero y de ritos regulares establecidos (liturgia), debido a que fue una religión perseguida por sus propietarios esclavistas, que los obligaban a convertirse al cristianismo.

Del vudú americano se derivan otras religiones como la santería, de naturaleza aún más mistificada por las corrientes cristianas. La santería —una de las máximas expresiones sincréticas del mundo— usa símbolos y santos cristianos, que dan imagen y representan loas y ritos anteriores, similares a los del vudú.

El vudú ha sido un fuerte referente para la cultura popular, debido a la atribuida capacidad de los bokor para resucitar a los muertos y hacerlos trabajar en su provecho (zombies), así como la de provocar la muerte a voluntad. De igual interés popular han resultado otros elementos folclóricos como las muñecas vudú. Existe una amplia literatura y filmografía al respecto, que tiende a deformar y demonizar lo que hoy por hoy es la religión de más de 40 millones de personas en todo el mundo.

Fuente: Wikipedia